‘Reverse thinking’: pensar al revés para resolver problemas

'Reverse thinking': pensar al revés para resolver problemas
Francisco Masse

Francisco Masse

La mente humana y nuestro cerebro, bien lo sabemos, son capaces de imaginar y realizar prodigios que a diario desafían nuestra capacidad de asombro; pero también es justo decir que a menudo son “mañosas” y, en el afán de ahorrar recursos y economizar la energía, tienen una tendencia a la comodidad y a la repetición. Por eso, si una acción, una idea, una metodología o una solución nos funcionó en el pasado, será muy probable que queramos usarla cada vez que se presente un problema similar.

Esto nada tiene de malo, pero en muchos casos conduce a estancamientos creativos o a callejones sin salida funcionales; cuando eso sucede, una de las mejores formas de sacudir las neuronas y obligarlas a dar con respuestas novedosas es el reverse thinking o “pensamiento al revés”.

'Reverse thinking': una de las mejores formas de sacudir las neuronas

¿Qué es el reverse thinking?

Existen varias definiciones de este “pensamiento al revés”. Una de ellas explica que se trata de un enfoque de resolución de problemas derivado de la lógica de inversión clásica: en lugar de buscar una solución directa, simplemente se invierte el desafío preguntando: “¿Cómo podría fallar esto?” o “¿Qué lo haría aún peor?” Esta aproximación saca a la luz suposiciones, asunciones ocultas y riesgos invisibles que la visión de futuro tradicional suele pasar por alto.

Otra forma de definirlo es “empezar por el final”: en lugar de planificar secuencialmente los pasos desde donde estás ahora —situación actual— hasta donde quieres estar —situación ideal—, invierte el guion y empieza por el final preguntando: “¿Cuál sería el éxito en este problema específico?” o “¿cuál sería la situación ideal tras este esfuerzo?”. Luego, te preguntas cuál sería el paso anterior a ese logro, qué debe suceder justo antes y así sucesivamente hasta que llegas de nuevo a tu situación actual; entonces, tendrás un plan con las respuestas que has encontrado durante este viaje en sentido inverso.

Este enfoque puede resultar particularmente retador para quienes acostumbran dejarse llevar por la intuición y la inspiración pura, como es el caso de muchos creadores y artistas. En ese sentido, el reverse thinking es más bien una “reingeniería de procesos” usada ampliamente en el diseño de productos, la arquitectura y la programación de software o sistemas informáticos, pues se trata de una metodología concebida para prevención y la resolución de problemas funcionales en relación con el entorno, los materiales y la interacción con usuarios. De cualquier forma, puede resultar útil en cualquier proceso creativo ya que el principio de “voltear la realidad de cabeza” ofrece perspectivas y caminos que, por la inercia de los métodos lineales tradicionales, no habían sido consideradas.

Cómo usar el pensamiento al revés

Partiendo de estas dos aproximaciones, veamos en sendos casos prácticos. En el primero, pensamos primero en el problema que deseamos resolver y lo definimos tan específicamente como sea posible, por ejemplo: “deseo mejorar la circulación del tránsito en la calle donde vivo”. Luego viene lo interesante: hacer una “anti pregunta”; es decir, formular una interrogante que sea diametralmente opuesta al problema, en este caso: “¿cómo empeoro el tránsito en mi calle?”; así, cada solución negativa que halles reflejará las causas subyacentes del problema, de modo que al invertirlas obtendrás soluciones de raíz.

Para la segunda aproximación, usemos un ejemplo práctico: el diseño de una app para un banco. El primer impulso creativo quizás sería pensar en la portada, los colores, la forma de los botones, un tipo de letra vistoso e íconos gráficos para cada función; pero, al pensar al revés, más que centrarnos en cómo debería verse, concluiríamos en que la situación ideal sería una aplicación segura, estable, funcional e intuitiva para cualquier cuentahabiente. Entonces, primero habríamos de considerar temas de ciberseguridad, luego una sólida conexión a la red y a los servidores, después resolver las funciones y transacciones, y al último vendría el diseño UI/UX —diseño de interfaz y de la experiencia del usuario—, que estaría determinado por el funcionamiento de todo lo anterior.

Dejar de pensar en cómo lograr el éxito y enfocarnos en cómo evitar el fracaso

¿Y cómo aplicar el principio del reverse thinking en la vida cotidiana? Una forma de reenfocar nuestros esfuerzos diarios es dejar de pensar en cómo lograr el éxito y enfocarnos en cómo evitar el fracaso. Y un modo excelente de hacerlo es imaginar todo aquello que podría salir mal, redactar una lista con mil y una formas para arruinar nuestros esfuerzos… y, entonces, hacer exactamente lo contrario. ¿Por dónde empezamos?…

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