Cómo detectar textos escritos con IA (y a gente que redacta como IA)

Cómo detectar textos escritos con IA (y a gente que redacta como IA)
Francisco Masse

Francisco Masse

Parafraseando a Marx y a Engels en el inicio de su Manifiesto del Partido Comunista, diré que “un fantasma recorre internet: el fantasma de la inteligencia artificial”. En este segundo cuarto del siglo XXI, como pocas veces en la historia, millones de personas han adoptado en masa una tecnología que está cambiando la forma en que interactuamos con aplicaciones y dispositivos, en que obtenemos información, en que escribimos y creamos imágenes e, incluso, la forma en que pensamos. Me refiero, desde luego, a la IA generativa y a los chatbots que se basan en Large Language Models (LLM) para darnos respuestas que a veces nos hacen olvidar que estamos frente a una entidad cibernética.

Esto, con todas las maravillas que ofrece, tiene muchos puntos en contra. En esta ocasión, lo que deseo señalar es la estandarización del pensamiento, pues en todos lados se leen textos personales e institucionales que claramente fueron escritos por un chatbot. Para quienes tenemos oficio de edición y corrección, estos destacan como un esmoquin brilloso en una cena de etiqueta, pero eso no es lo grave del asunto: de forma paralela, se está gestando una generación que piensa, estructura ideas y las escribe como si fuera una IA.

Respuestas de la IA generativa
Un marco de referencia

Antes de continuar, quisiera decir algo sobre el acto de escribir, no como una habilidad práctica que adquirimos en la educación básica, sino como expresión profundamente humana. Para quienes empleamos el bolígrafo o el teclado para manifestar nuestras ideas o informar a los demás, escribir es ante todo un acto orgánico: algo que no solo realizamos con nuestras manos, sino que surge desde dentro, de la emoción y del intelecto, y que halla su vía de salida en forma de palabras que van apareciendo en nuestra mente. En su libro La negación de la muerte, Ernest Becker dice que los humanos conjuramos nuestro miedo a morir a través de “proyectos de inmortalidad” o actos que buscan trascender nuestra existencia física; así, para muchos escribir es un proyecto de inmortalidad, una forma de lanzar semillas a las arenas del tiempo con la esperanza de que en el futuro florecerá en alguien algo que escribimos.

Por todo lo anterior, me queda claro que una IA jamás logrará sintetizar el bagaje, la intención y la vehemencia tan humanas que invaden a un escritor cuando escribe desde sus entrañas, ni conseguirá imitarlos de forma convincente. Pero lo cierto es que solo unos pocos acuden a la escritura desde esa óptica y millones la usan con otros fines mucho más mundanos: saludar a amigos y familiares, comunicarse en el trabajo o negocio, vender un producto, dar un informe o reporte a un jefe, compartir una opinión en social media, publicar una vacante laboral o posicionar su marca personal o empresarial.

En esas instancias es cuando, en lugar de esforzarse —después de todo, para eso están nuestras herramientas—, con un simple prompt obtienen una respuesta genérica que, sin más, copian y pegan en los medios donde desean hacerla circular. Y es entonces cuando resulta muy fácil detectar la mano de la IA, que se caracteriza por los siguientes rasgos recurrentes:

Ingresar un 'prompt'
  • Abuso del punto y seguido, ausencia del punto y coma. Si lees un cuento, una novela o un ensayo “de los de antes”, notarás que las ideas o descripciones se desarrollan con cierta longitud, uniendo ideas en un solo enunciado que se divide con comas y puntos y comas; en cambio, una IA jamás usará el punto y coma, y abusará del punto y seguido: Algo así como esto. Es más impactante y fácil de digerir. Y eso gusta mucho.
  • Uso continuo de la epanortosis enfática. Esta omnipresente figura retórica consiste en la corrección intencionada y enfática de una palabra o idea recién enunciada, reemplazándola por otra más exacta, polémica o intensa, para sonar contundentes: No es tendencia: es simplificación excesiva. Y no lo digo yo. Lo dice el diccionario.
  • No hay párrafos largos. Redactar para internet tiene sus reglas y una de ellas es evitar los párrafos con más de seis líneas, pues en pantalla se perciben como excesivamente extensos y el lector promedio los evita. Hoy en día, esta tendencia se ha exacerbado y abundan los textos que en realidad son listas de frases de una o dos líneas; y para colmo, una de cada tres es un punchline o frase de remate.
  • Frases cortas en lugar de ideas. ¿Recuerdas cómo, en algunas series de ciencia ficción, los robots hablaban de forma monótona, con frases cortas, sencillas y repetitivas? Pues así redactan numerosos chatbots, sustituyendo ideas complejas con enunciados bimembres. Lo peor es que esta tendencia se ha contagiado como forma de pensar y escribir, y la gente ya empieza a sonar a IA, aunque no la use. Como ejemplo, copio un post de LinkedIn:

    Hay un influencer en LinkedIn que me está copiando

    tiene más seguidores que yo
    más engagement

    pero tiene varios posts que son 90% iguales a los mios
    y si, he comprobado que yo los he publicado antes

    ¿lo voy a denunciar?
    ¿lo voy a demandar?
    ¿me voy a quejar ante la policía de LinkedIn?

    ¿voy a escribir un post que empiece? “no suelo hacer este tipo de posts pero no me puedo quedar callado…”

    No pienses mal: esta colección de errores ortográficos no la escribió un niño de diez años, enojado y frustrado porque un compañerito del salón le copió en el examen, sino un adulto en sus cuarentas que ocupa un puesto directivo. Es triste que ese sea el nivel de lectoescritura —y de madurez emocional— de miles de profesionistas mexicanos.
  • Abundan los listados en bullets. Otro signo inequívoco de que un texto fue elaborado con ayuda de una IA es que las enumeraciones se convierten en balazos y, por si fuera poco, estos no son símbolos de texto sino simpáticos e-mojis. Me pregunto si las IA consideran que, para entender información, el ser humano promedio necesita que se la desmenucen visualmente y en cuadros sinópticos.
  • Un tono entre dramático y autocomplaciente. Si has usado modelos de lenguaje como ChatGPT, notarás que casi siempre usan un tono optimista, positivo y halagador (“Esa idea tiene mucho filo…”, “Ya se empieza a notar por dónde vas…”) o muy dramático, como si te estuvieran revelando una verdad “que las élites no quieres que sepas”. Si no editas los textos que obtienes, ese tono autocomplaciente o de reel de TikTok permanecerá y se parecerá al de cientos otros que a diario se comparten en la red.
  • Muletillas comunes. Por último, en su afán de “sonar humanas”, las IA adoptan vicios de lenguaje y usan constantemente palabras y estructuras que terminan siendo repetitivas. Algunas de las “palabras muletilla” son incómodo, provocador, testimonio, resiliente, impacto o intrincado, mientras que un ejemplo de estructuras delatoras son las conclusiones del tipo “tal cosa es un recordatorio de que…”, “al final del día”; “más allá de…” o “no se trata de…, sino de…”.
Muletillas para parecer humano

Espero no haber pisado demasiados callos. Nada tiene de malo usar un agente tecnológico para obtener mejores frutos de tu trabajo; pero esto se convierte en paradoja cuando, lejos de distinguirse por bueno, tu texto fragmentado y lleno de lugares comunes se pierde entre un sinfín de publicaciones similares, y deja ver que no tienes la capacidad de ordenar y expresar tus ideas de forma coherente, honesta y reveladora. Como el esmoquin lustroso, lo que tenía la intención de hacerte destacar termina por dejarte en ridículo, y esto es aún más preocupante si eres un profesionista que debería haber desarrollado skills de comunicación suficientes para expresarse sin “llantas laterales” tecnológicas.

Podría abundar más en el tema, pero ya va siendo momento de concluir. Si usas IA para escribir, mi consejo es que no te quedes con la primera respuesta genérica y evites las tendencias que acabo de enunciar, editando tu propio texto para hacerlo tuyo. Y si no la usas, pero de tanto leer textos de IAya empiezas a imitar su tono y estructura, te invito a salir de la red y volver a leer textos impresos en novelas, cuentos y ensayos; luego, aprecia cómo se siente leer un párrafo largo, profundo, bien estructurado, que nos va revelando aspectos de algo que no conocemos y se siente como una plática nutrida con una persona sabia. Quizás eso nos ayude a todos a volver a escribir —y a leer— como seres humanos…

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