
Desde siempre, los seres humanos hemos contado historias de miedo. Mucho antes de los smartphones, las redes sociales o la electricidad —quizás, incluso, desde los primeros grupos humanos que se reunían en torno a una fogata— ya circulaban de boca en boca relatos sobre fantasmas, criaturas extrañas y hechos imposibles de explicar. Estas historias cambiaban de pueblo en pueblo, de generación en generación, pero cumplían el mismo objetivo: dar advertencias y provocar asombro, inquietud o una irresistible necesidad de seguir escuchando.
Es curioso que, cuando llegó a nuestras vidas, el internet no eliminó esa necesidad humana; solo la dotó de nuevos escenarios: los bosques embrujados fueron sustituidos por páginas web abandonadas, las casas encantadas se transformaron en videojuegos corruptos y los fantasmas encontraron refugio en videos de baja calidad y archivos perdidos. Así nacieron las creepypastas, un fenómeno cultural que convirtió a internet en la fogata más grande de la historia.

Momo Challenge: un creepypasta de un supuesto videojuego maldito.
¿Qué significa creepypasta?
El término creepypasta proviene de combinar las palabras del inglés creepy, que significa “aterrador o escalofriante”, y copy-pasta, una expresión utilizada para describir textos que se copian y pegan repetidamente en foros de internet y comunidades digitales. En esencia, una creepypasta es una historia de terror que circula por internet y que suele compartirse entre usuarios hasta alcanzar dimensiones virales y ser adoptada por la cultura popular.
La falta de contexto era precisamente uno de los ingredientes más efectivos. Una fotografía pixeleada, un supuesto archivo encontrado en una PC abandonada, o una captura de pantalla extraña podían ser suficientes para construir una historia capaz de expandirse por toda la red. De esta manera, se había creado una nueva forma de contar historias que provocaran miedo.
Monstruos nacidos de los pixeles
Algunas creepypastas dejaron de ser simples relatos para convertirse en auténticos íconos culturales. Uno de los casos más famosos es el de Slender Man, una figura alta, extremadamente delgada, con tentáculos y sin rostro. Apareció por primera vez en 2009, como parte de un concurso de manipulación fotográfica en internet, y se atribuye al artista digital Victor Surge.

Lo que comenzó como una imagen editada terminó convirtiéndose en un fenómeno global: miles de usuarios comenzaron a crear historias, videos, ilustraciones y videojuegos en torno al personaje. En poco tiempo, Slender Man alcanzó una popularidad comparable a la de muchas criaturas clásicas del cine de terror. Algo similar ocurrió con Jeff the Killer, un personaje con sonrisa perturbadora y una apariencia fantasmal que se convirtió en uno de los rostros más reconocibles del terror digital y resultó ser la manipulación digital de una selfie de una chica.

Aunque la calidad literaria de algunas de estas historias es cuestionable, su capacidad para capturar la imaginación colectiva resulta extraordinaria. También aparecieron relatos vinculados a videojuegos supuestamente malditos: BEN Drowned narra la historia del cartucho embrujado de un juego de Nintendo y Sonic.EXE presentaba una versión demoníaca del famoso personaje de Sega. Estas historias mezclan nostalgia, tecnología y horror psicológico, una combinación especialmente efectiva para quienes crecimos rodeados de videojuegos.
El miedo en formato multimedia
A medida que internet incorporó nuevas herramientas, las historias comenzaron a adoptar formatos audiovisuales: fotografías alteradas digitalmente, grabaciones supuestamente encontradas, transmisiones de televisión ficticias y audios distorsionados comenzaron a formar parte de la experiencia. El terror ya no dependía únicamente de la imaginación del lector; ahora podía verse y escucharse.
Este cambio dio origen a fenómenos como el horror analógico, un subgénero que imita grabaciones antiguas, programas de televisión olvidados y transmisiones defectuosas que generan una sensación de inquietud. Proyectos como The Mandela Catalogue llevaron esta fórmula a nuevas generaciones mediante el uso de inteligencia artificial, rostros alterados digitalmente y narrativas fragmentadas que se expanden a través de múltiples plataformas.
La fascinación por los rincones ocultos de internet
Parte del atractivo de las creepypastas proviene de su relación con otro mito actual: la idea de que internet esconde oscuros secretos imposibles de conocer. Durante años, la dark web y otros espacios anónimos o poco explorados de la red han alimentado relatos sobre archivos misteriosos, sitios inaccesibles como los backrooms y conocimientos prohibidos. Las creepypastas aprovechan esa sensación de misterio permanente y nuestro miedo de que detrás de un enlace, un video, un mensaje de WhatsApp desconocido o un website aparentemente inofensivo podría acecharnos algo fatal e inesperado. La posibilidad de que podría ser real sigue resultando fascinante.
Las creepypastas convierten esos temores abstractos en narrativas concretas y son, en cierto sentido, los mitos contemporáneos de la era digital.

Selene Delgado López, fotografía o retrato hablado de una joven supuestamente desaparecida, transmitido en el Canal 5 en la década de 1990 dentro de la sección “Al servicio de la comunidad” y que ha dado lugar a creepypastas y a un videojuego de terror.



