
Imagina que quieres componer una canción. En lugar de un cuaderno, tomas revistas, periódicos, cartas o libros y recortas minuciosamente fragmentos; luego, los lanzas al aire para que caigan en orden aleatorio y, sobre esa base, escribes la letra. A simple vista, parecería un experimento sin sentido; sin embargo, para David Bowie esta técnica —llamada cut-up— fue una manera de romper con las ideas predecibles y abrir una puerta hacia un lenguaje completamente distinto.
Durante gran parte de su carrera, “el camaleón” Bowie fue famoso por reinventarse una y otra vez: cambiaba de imagen, de personaje y de género musical con una facilidad que parecía imposible; pero pocos saben que detrás de muchas de esas transiciones estaba el azar. En ese sentido, el cut-up no solo le permitió escribir canciones, sino también pensar diferente. Sigue leyendo para saber más sobre esta técnica, que tú también puedes emplear de forma creativa…

Palabras que dejan de seguir las reglas
La técnica del cut-up consiste en tomar un texto escrito, dividirlo en frases o palabras y reorganizar estos, aleatoriamente o no, para producir una nueva narrativa y nuevos significados. Aunque suele relacionarse con los experimentos dadaístas de Tristan Tzara, fueron el artista inglés Brion Gysin y el escritor estadounidense William Burroughs[1] quienes la explotaron ampliamente como herramienta creativa durante la segunda mitad del siglo XX.
Burroughs, en particular, estaba convencido de que el lenguaje no era un sistema completamente racional. Para él, las palabras ocultan conexiones inesperadas y revelan ideas, imágenes, asociaciones e historias que jamás surgen en la escritura lineal. Así, escribir al azar era solamente el punto de partida; después venía la parte más importante: seleccionar, interpretar y dar sentido.
Volviendo a Bowie, desde sus inicios como compositor demostró que la curiosidad era uno de sus mayores talentos, pues le interesaban el teatro, la pintura, el cine, la ciencia ficción, la filosofía, la moda y, por supuesto, la literatura. No concebía la música como una disciplina aislada, sino como un espacio donde podían convivir todas las artes. Así, su acercamiento a William Burroughs fue casi inevitable: admiraba el modo en que el escritor rompía con las estructuras tradicionales del lenguaje y exploraba formas poco convencionales de narrar. Ambos llegaron a conocerse y conversaron sobre literatura y procesos creativos, un encuentro que reforzó el interés de Bowie por el cut-up.

David Bowie (izq.) y William S. Burroughs (der.).
A partir de entonces, “el Duque Blanco” —otro de los apodos de Bowie— comenzó a utilizar la técnica en la escritura de canciones como “Diamond Dogs” y “Joe the Lion”. Escribía párrafos completos, tomaba textos de diversas fuentes, los recortaba físicamente y reorganizaba las frases hasta encontrar combinaciones que despertaran algo en él. Más adelante, cuando las computadoras comenzaron a formar parte del trabajo creativo, Bowie quiso llevar el método un poco más lejos.
En 1995, Bowie trabajó con el programador Ty Roberts para desarrollar un programa informático llamado Verbasizer, que funcionaba así: el músico introducía textos propios, noticias, poemas, entrevistas o cualquier material escrito; enseguida, el software mezclaba dichos fragmentos y ofrecía múltiples combinaciones que después Bowie analizaba y convertía en letras para su música. Más allá de sustituir al compositor, el programa funcionaba como un detonador de ideas; incluso Bowie afirmaba que aquellas asociaciones inesperadas le permitían descubrir pensamientos que ni siquiera él mismo sabía que albergaba.
Discos donde el caos encontró su forma
Aunque el espíritu experimental lo acompañó prácticamente durante toda su carrera, el cut-up adquirió una presencia especialmente visible en trabajos como el álbum Diamond Dogs (1974), cuya lírica abandona la narración lineal para construir escenarios fragmentados, imágenes urbanas, personajes ambiguos y atmósferas cercanas a una pesadilla futurista. Tracks como “Sweet Thing/Candidate/Sweet Thing (Reprise)” muestran una escritura que avanza mediante asociaciones libres más que por una historia convencional.

Décadas después, Bowie recuperó el método con entusiasmo durante la creación de Outside (1995), un álbum conceptual donde exploró el arte contemporáneo, el crimen y la identidad a través de relatos fragmentados que hallaron un aliado perfecto en el cut-up. La estructura del álbum parece haber sido construida como un rompecabezas que el oyente debe completar.
La técnica continuó influyendo en trabajos posteriores como Earthling (1997) y, de forma menos evidente, también en Heathen (2002), en el que Bowie siguió explorando formas de construir imágenes poéticas. A pesar de todo, nunca adoptó el cut-up como fórmula fija; en cambio, lo empleaba cuando necesitaba romper la rutina de su propia escritura.
El legado de una mente que nunca dejó de jugar
David Bowie fue un artista que entendió que la creatividad no consiste únicamente en tener buenas ideas; también es encontrar nuevos caminos para llegar a ellas. En ese sendero, el cut-up le permitió escapar de sus rutinas y hábitos como compositor, ofreciéndole una herramienta para sorprenderse a sí mismo al descubrir imágenes que permanecían ocultas bajo la lógica lineal del lenguaje. Muchas de ellas forman parte de canciones que hoy siguen despertando interpretaciones distintas entre sus seguidores.
En una época donde la IA puede reorganizar textos en segundos, resulta fascinante pensar que hace décadas Bowie ya había intuido ese diálogo entre creatividad y tecnología. Sin embargo, también dejó clara una enseñanza que sigue vigente: ninguna herramienta o tecnología puede sustituir la mirada del artista. El azar puede abrir la puerta, pero es la sensibilidad humana la que decide qué fragmentos merecen permanecer juntos…
Si deseas explorar la discografía de Bowie, puedes visitar este enlace de Spotify:

[1] Si deseas conocer la historia de Burroughs en México, consulta: https://www.bicaalu.com/cafes-casonas-y-paginas-rotas-la-generacion-beat-y-la-colonia-roma/


