Autosabotaje: causas, tipos y cómo dejar de hacerlo

Autosabotaje: causas, tipos y cómo dejar de hacerlo
Francisco Masse

Francisco Masse

En la cinta Hellbound: Hellraiser II (1988), durante una ponencia a estudiantes de medicina, el doctor Philip Channard pronuncia la frase que abre este artículo: la mente es un laberinto. Y ésta viene a colación no porque se vaya a hablar de terror o de seres sobrenaturales —como en la película—, sino porque es una alegoría ideal para describir los intrincados e inexplicables mecanismos de nuestra psique, que muchas veces aparentan obrar a nuestro favor pero terminan siendo nocivos para nosotros mismos. Uno de ellos es el autosabotaje.

El autosabotaje es un patrón de conducta consciente o inconsciente que tiene lugar cuando nuestras acciones o inacciones interfieren con nuestros objetivos a largo plazo; en esencia, se trata de mecanismos de protección que a menudo tienen sus raíces en el miedo, la inseguridad o arraigados patrones de comportamiento. Resulta irónico, pues con frecuencia se trata de intentos inconscientes de evitar la incomodidad, el rechazo o el fracaso, que terminan provocando precisamente los resultados que tanto se desean eludir.

¿Qué causa el autosabotaje?

De entrada, hay que distinguir entre el autosabotaje consciente y el inconsciente. A veces, quienes se autosabotean son conscientes de sus actos: alguien que sufre de obesidad y se pone a dieta, por ejemplo, sabotea de forma deliberada sus buenos esfuerzos comiéndose un bote entero de helado —quizá lo haga a escondidas o le mienta al bariatra al respecto, pero eso es otra cosa—; otras veces, se actúa de modo inconsciente: un empleado que no cumple con sus fechas límite en el trabajo a simple vista parece que es ineficiente y nada más, pero en el fondo sucede que le tiene miedo al éxito y se autosabotea para frustrar cualquier ascenso o promoción en la empresa.

Hay quien sufre de obesidad y se pone a dieta, pero sabotea de forma deliberada sus buenos esfuerzos comiéndose un bote entero de helado.

En ambos casos, existen diversas causas psicológicas que llevan a una persona a realizar actos de autosabotaje. Algunas de las más comunes son:

  • Infancia difícil. Crecer en el seno de una familia disfuncional contribuye a los hábitos de autosabotaje, ya que nuestras primeras interacciones con los cuidadores afectan cómo conectamos con los demás. Así, si tus padres te dijeron que “nunca llegarías a ser alguien en la vida”, tal vez te limites a ti mismo a causa de esa creencia arraigada.
  • Traumas no resueltos. Algunas experiencias del pasado, en particular las que implican rechazo, traición o fracaso, pueden moldear tu percepción de ti mismo y del mundo, y desencadenar comportamientos de autosabotaje que en el fondo buscan evitar la repetición de esas experiencias dolorosas. Por ejemplo, si de niño fuiste abandonado, de adulto saboteas las relaciones cuando se tornan serias y eres tú quien se marcha primero con tal de no experimentar de nuevo el abandono.
  • Disonancia cognitiva. En palabras simples, es la tensión mental que se presenta cuando tenemos ideas, creencias o actitudes contradictorias —o no hay coherencia entre nuestras creencias y acciones— y esto nos lleva a distorsionar la realidad, negar la información o culpar a otros para reducir la tensión. Un ejemplo es el del fumador empedernido que afirma querer dejar el hábito, pero se justifica diciendo cada vez que enciende un cigarro que “uno no hace daño” o que “lo puede dejar cuando decida”.
  • Miedo al fracaso (o al éxito). El temor exacerbado al error a menudo es la causa de que ni siquiera intentemos progresar; pero su opuesto también es poderoso, ya que lograr una meta puede implicar presión mental, mayores expectativas o la envidia de los demás. Así, para muchos “el confort de la media tabla” es más seguro que aventurarse a lo desconocido, con el riesgo de fracasar… o de tener éxito.
  • Baja autoestima. Si te sientes indigno de tener amor, abundancia, logros y cosas buenas en tu vida, tal vez estés bajo la influencia de una baja autoestima que te lleva a un autosabotaje inconsciente para confirmar tus creencias negativas, perpetuando un ciclo de decepción personal.
  • Confort en la familiaridad. Los humanos somos criaturas de hábitos y hasta los patrones negativos pueden sentirse seguros cuando nos resultan familiares. Si creciste en un entorno caótico, inconscientemente podrías estar recreando este mismo caos en tu casa, tus relaciones o tus finanzas, incluso si sabes que es perjudicial, solo porque te es familiar.

Formas comunes de autosabotaje

Los profesionales de la salud mental han identificado numerosas formas en que las personas se autosabotean. Uno de los ejemplos más comunes y fáciles de identificar es la procrastinación: las personas que se autosabotean suelen procrastinar, pues ésta es una forma excelente de demostrar a los demás que nunca se está listo y de postergar indefinidamente un buen resultado. Con frecuencia, lo anterior se debe al miedo a decepcionar a los demás, a una fobia al fracaso o al éxito o por perfeccionismo, que es el otro ejemplo común y tiene dos caras: por un lado, puede impulsarnos a alcanzar estándares altos, pero también puede estancarnos. El miedo a no ser “lo suficientemente bueno” puede llevarnos a la procrastinación o la evasión, ya que de esa forma eludimos el riesgo de quedarnos cortos; y cuando algo sale mal, como inevitablemente sucede, los perfeccionistas se desmoronan, se sienten avergonzados, caen en depresión, sienten que están decepcionando a todos y muchas veces “tiran la toalla” y no vuelven a hacer intentos en su vida. Entonces, si bien parece una estrategia positiva, a la larga el perfeccionismo obstaculiza la felicidad y el éxito.

Uno de los ejemplos más comunes y fáciles de identificar de autosabotaje es la procrastinación

Otras formas de autosabotaje son: la evasión, cuando esquivamos riesgos, oportunidades o conversaciones o que podrían conducir al crecimiento o al éxito; la autoconversación negativa, o sea la constante crítica interna que mina nuestra propia confianza y motivación; las relaciones tóxicas y las dinámicas poco saludables, en las que se permanece por baja autoestima o para reafirmar sentimientos de inutilidad; y la automedicación, pues para lidiar con la constante batalla entre el deseo de tener éxito y el guion mental que les dice que no pueden lograrlo, muchos se tranquilizan con drogas, alcohol o autolesiones.

Cómo romper el ciclo

Aunque casi siempre el autosabotaje es algo profundamente arraigado, es muy posible cambiarlo. Puedes empezar desafiando tus creencias negativas; por ejemplo, si crees que “no eres lo suficientemente bueno”, pregúntate si esa creencia se basa en hechos concretos o si es una historia que has internalizado; o bien, estudia tus objetivos y con qué vara te estás midiendo porque quizás estés comparándote o exigiéndote demasiado, que es otra forma de autosabotearte.

Otra opción es establecer metas pequeñas y alcanzables, pues dividiendo las grandes metas en microtareas manejables reduces la sobrecarga mental, ves con claridad tus avances y, así, ganas confianza. También resulta muy útil aceptar la imperfección y que los errores son parte natural del proceso de crecimiento, no una señal de fracaso. Cuando tropieces, practica la autocompasión y usa estas pequeñas caídas como oportunidades para aprender.

Otro consejo es: rodéate de personas que te animen y te inspiren; es decir, crea un sistema o grupo de apoyo y comparte tus metas y dificultades con amigos o mentores de confianza, siempre que te ofrezcan perspectiva, responsabilidad y motivación y no te critiquen, te saboteen con comentarios negativos o después usen esa información en tu contra. Y sin duda, la práctica de la meditación, la atención plena o el mindfulness te ayudará a tener presencia y consciencia de tus pensamientos y acciones para que notes cuando surgen las ideas o tendencias autodestructivas y puedas ponerles freno a tiempo.

Por último, si has intentado algunas de estas técnicas y aún te sientes estancado, busca ayuda profesional, ya que trabajar con un terapeuta o psicólogo puede ayudarte a descubrir las causas de raíz de tu conducta, a procesar traumas del pasado ​​y a desarrollar estrategias de afrontamiento más saludables. Y si lo que viene a tu mente es la idea de que “no es para tanto” o de que “puedes hacerlo solo”, tal vez sea cierto… o quizá sean nuevamente los largos tentáculos del autosabotaje, tratando de arrastrarte de nuevo a la maraña de tus propios pensamientos. ¿Qué dices?

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