
Hace apenas unos meses, en mayo de 2026, en este mismo portal publiqué un texto acerca del surgimiento de una generación que no solo ha adoptado la inteligencia artificial, sino que también ya piensa, estructura ideas y las escribe como si fuera una IA, lo cual es fácilmente detectable si uno pone atención en ciertos patrones. Y ahora, dos estudios científicos han llevado más allá la misma noción y confirman que, poco a poco, ya empezamos a sonar como los chatbots con los que interactuamos.
Vayamos directamente a los datos. El primer estudio lo realizó el Pew Research Center y se enfocó en detectar qué tanto del contenido en línea es redactado con IA generativa. El resultado fue abrumador: 35 por ciento de los contenidos escritos muestran “indicios significativos de autoría por IA”; esto quiere decir que existen ciertos patrones, como el uso de paralelismos negativos —que en mi artículo de mayo describí como epanortosis enfática— y un vocabulario distintivo, que delatan el uso de alguna herramienta como ChatGPT.

El segundo análisis es aún más revelador: investigadores del Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano analizaron más de 820 mil episodios de podcasts en inglés —los cuales no siguen un guion— e identificaron veinte palabras usadas con insistencia por ChatGPT y que han “aumentado abruptamente en el habla humana espontánea”. Además de la lista, que incluye una cuarta parte de los vocablos identificados por Pew Research otro hallazgo fue que dicho vocabulario es “internalizado” por el hablante, que lo adopta como suyo y lo incorpora a su habla cotidiana.
“En conjunto —afirma el estudio—, estos resultados demuestran que las máquinas entrenadas con datos humanos ahora reintroducen sus propios rasgos en el lenguaje humano, integrando así los modelos de lenguaje de gran tamaño —LLM, por sus siglas en inglés— en los procesos continuos de evolución cultural”.
Esto no es nuevo, pues desde la imprenta hasta las redes sociales —pasando por la radio, el cine, la televisión y los videojuegos—, las innovaciones en la tecnología de la comunicación han transformado la forma en que las ideas se difunden en la cultura humana; además, resulta innegable que cada medio ha tenido una influencia decisiva en la adopción de modismos, extranjerismos y jergas. Sin embargo, a los investigadores les inquieta este proceso de homogeneización lingüística por la capacidad que tienen unos pocos grandes proveedores de IA para ejercer una influencia cultural a gran escala.

Por último, como señala Roger Kreuz en Psychology Today, cabe tener en cuenta que los LLM también están evolucionando, que empresas como OpenAI y Anthropic lanzan versiones nuevas y mejoradas cada pocas semanas, y que estas iteraciones más recientes se entrenan con textos actuales que reflejan los cambios lingüísticos que ya se están produciendo en el habla humana. Debido a esta interacción bidireccional, con el tiempo podría resultar casi imposible distinguir entre el lenguaje humano y el generado por IA.
Como “cola” del artículo, unos días antes de redactar este texto salió la noticia de que, en los más recientes exámenes de PISA que evalúan a estudiantes de educación básica en todo el mundo, se registró una baja histórica en el rendimiento escolar y una “alarmante caída” en lectura, debida primordialmente al uso de pantallas y de IA en el ámbito escolar. De seguir esta tendencia, todo parece indicar que el ascenso de la inteligencia artificial vendrá acompañado del derrumbe de la inteligencia natural humana…



