Cuatro estrategias psicológicas para lidiar con la frustración

Cuatro estrategias psicológicas para lidiar con la frustración
Guadalupe Gutiérrez

Guadalupe Gutiérrez

Todos hemos experimentado frustración alguna vez en la vida. Se trata de una emoción que surge cuando no conseguimos lo que queremos y que causa enojo, incomodidad, disgusto o, en ocasiones, tristeza. Experimentarla es algo normal, pues incluso las personas más talentosas o las más previsoras, dedicadas y enfocadas en sus objetivos enfrentan dificultades insorteables y fracasan de vez en cuando, lo cual conduce a la inevitable sensación de frustración.

En general, la tolerancia a la frustración se desarrolla en la infancia, cuando el pequeño se hace consciente del poco poder que tiene sobre sí mismo y para controlar su vida, y poco a poco empieza a adquirir habilidades que lo vuelven independiente y resiliente; sin embargo, también hay quienes no las desarrollan y llegan a la adultez sintiéndose víctimas absolutas de las circunstancias. Por eso cuando nuestra primera reacción ante la frustración frecuentemente es violenta, impulsiva, visceral o desproporcionada, o nos dejamos consumir por la tristeza, estamos ante un problema psicológico que se debe atender.

Nuestra primera reacción ante la frustración frecuentemente es violenta

De la misma forma, si cuando no alcanzas tus objetivos lo primero que haces es señalar culpables —que no sean tú, desde luego—, enfurecerte, deprimirte o pensar que “las cosas no deberían ser así”… pero no haces nada al respecto, es probable que necesites ayuda psicológica para procesar mejor los inconvenientes de la vida. El acompañamiento de mano de un profesional siempre será la mejor opción, pero no está de más conocer algunas estrategias prácticas que te ayudarán a lidiar con la frustración en tu día a día. Aquí te compartiré cuatro.

Todo parte de la idea de que la frustración deriva de la creencia de que las cosas, o nuestra vida, no son “como deberían ser”. Tanto en la vida laboral como en lo personal, todos tenemos expectativas y creencias sobre el éxito, el amor, la felicidad o la amistad; pero, al aferramos a ellas, si nuestras circunstancias no son exactamente como las imaginamos, creemos que estamos fracasando y esa sensación de fracaso es lo que genera la frustración. Y si le sumamos los imprevistos cotidianos, cada adversidad se percibe como una tragedia que confirma nuestra creencia de fracaso.

Así, la primera estrategia consiste en cambiar la forma en que miramos los imprevistos y retos diarios, pues en lugar de tomarlos como algo negativo podemos empezar a verlos como oportunidades para probar nuestros conocimientos e, incluso, para adquirir nuevas habilidades. Desde luego que un problema puede abrumarnos, pero no deberías frustrarte por inconvenientes mínimos o temporales; al empezar a concebirte como una persona inteligente, capaz y con las herramientas necesarias para afrontar los pequeños retos de la vida, además de aumentar tu autoestima incrementarás las probabilidades de superar casi cualquier reto… y de aceptar sin culpas cuando uno de ellos de plano resulte insuperable.

La primera estrategia consiste en cambiar la forma en que miramos los imprevistos y retos diarios

La segunda estrategia está ligada a la autoestima y a la percepción que tenemos de nosotros mismos. Se trata de hacerte tres preguntas para averiguar qué piensas acerca de ti mismo en función de tu propia valoración del éxito y de las metas que tienes trazadas. Las preguntas son: ¿qué tipo de persona eres?, ¿qué tipo de persona te gustaría ser? y ¿qué tipo de persona crees que deberías ser? Al contestar con honestidad, tus respuestas te darán una idea de las expectativas que tienes sobre tu persona: si tienen varios elementos en común, seguramente tienes buena autoestima; pero si esta es baja, es probable que las respuestas sean muy diferentes y que sientas un alto grado de frustración.

La tercera estrategia es muy sencilla: tomar las riendas de la situación. Esto no significa intentar controlarlo todo, sino pasar a la acción. Para esto, te recomiendo usar los “tres cambios de perspectiva para lograr cambios positivos en tu vida” propuestos por el psicólogo Salvatore Maddi: uno, aceptar que la vida es impredecible y en ocasiones estresante, pero que esto puede ser una fuente de aprendizaje; dos, incluso si las cosas se ponen difíciles, no te abandones, continúa involucrado y busca soluciones; y tres, no seas pasivo, reconoce que tienes las herramientas y eres capaz de hacer frente a las adversidades y traza un plan de acción.

La cuarta estrategia práctica es quizá la más obvia, pero también la más difícil: aumentar la tolerancia a la frustración. Esto se logra de varios modos; por ejemplo, practicando la paciencia al no eludir eventos que te parecen aburridos o incómodos, siendo persistente y no dejándote vencer por la negatividad y el pesimismo, y ajustando tus expectativas a la realidad. Una forma de ejercitarlo es con juegos como el sudoku, las sopas de letras o el memorama, o al aprender una lengua extranjera; nadie empieza siendo un experto, pero si trabajas tu paciencia y no abandonas las cosas cuando se pongan difíciles, desarrollarás una sana tolerancia a la frustración.

Aumentar la tolerancia a la frustración se logra de varios modos; por ejemplo, practicando la paciencia

Aunque parezca difícil al principio, mantener una actitud positiva frente a los desafíos hace que el estrés no te rebase y que la frustración sea cada vez menos frecuente. Sin duda, estas estrategias no son una receta infalible para todos los casos ni para todas las personas, pero seguramente alguna de ellas te ayudará a tener una perspectiva distinta que hará de los retos diarios algo manejable… y hasta disfrutable.

Cierre artículo

Recibe noticias de este blog