El camino del héroe: mil y una formas de contar la misma historia

El camino del héroe: mil y una formas de contar la misma historia
Igor Übelgott

Igor Übelgott

¿Y si te dijera que las historias de los héroes clásicos como Hércules, Perseo, Aquiles o Sigfrido; las de héroes literarios como Beowulf, Don Quijote, Sherlock, Frodo y Bilbo Baggins; y de heroínas como la Cenicienta y Alicia, comparten la misma inspiración y estructura que la de héroes ficticios de la cultura pop como Rocky Balboa, Luke Skywalker, Harry Potter, Katniss Everdeen o Neo? A esta idea se le llama “el camino del Héroe” y está basada en el trabajo del profesor Joseph Campbell y el del guionista Christopher Vogler.

Harry Potter

Antes de entrar al tema, maginemos un pasado tan remoto que antecede al lenguaje y a la civilización. En ese entorno, la organización social dependía de quien era capaz de proteger al grupo y de proveer comida mediante la cacería; por ello, las tribus organizaban rituales de transición en los que los y las jóvenes debían cumplir una serie de pruebas satisfactoriamente y, así, eran reconocidos como adultos capaces de proveer a su familia y a la tribu. Más adelante, sociedades más complejas como los griegos tenían fiestas como las Bacanales, dedicadas a la iniciación sexual de los y las jóvenes.

Con la evolución social de la especie y la civilización, estos rituales de transición desaparecieron. Algunos de los sustitutos de esta frontera clara entre la niñez y la adultez han sido: la mayoría de edad legal, la “iniciación” sexual de los jovencitos —a menudo con prostitutas— y la pérdida de la virginidad —o, a veces, la primera menstruación— de las chicas, así como el servicio militar o una ida a la guerra en el caso de países bélicos como los Estados Unidos. Aun así, a la civilización occidental le hace falta el ritual definitivo en el que uno “mata al dragón” que simboliza a los peligros del exterior y a los propios demonios.

Esa es la función de la mitología y la literatura dedicada a los héroes: brindar a nuestra psique tanto una estructura o arquetipo que emular, como una sublimación de la energía que se liberaba y adquiría con el ritual de iniciación. Así, la primera de las tantas iniciaciones que estila la sociedad contemporánea muchos de nosotros la tuvimos frente a una pantalla de cine. Más tarde regresamos a eso.

En 1949, el mitólogo y profesor de literatura estadounidense Joseph Campbell publicó el libro seminal El héroe de las mil caras, donde enlista los mitos de civilizaciones antiguas que abrevan en la premisa del arquetipo del héroe o la heroína, que no son sino personajes que trascienden a su cotidianidad, adquieren —o se dan cuenta de— un superpoder y, al igual que los aspirantes a cazadores de la Antigüedad, enfrentan a un enemigo mortal; tras sufrir un primer revés, para imponerse en el encuentro definitivo deberán hacer alianzas —o recibirán ayuda sobrenatural— y derrotar a su propio enemigo interno: el miedo; vencerán, desde luego, y después de ello regresarán a su cotidianidad que parece ser la misma, pero que observan distinta debido a su propia iniciación.

Años más tarde y basándose en las ideas de Campbell, el guionista y escritor Christopher Vogler publicó The Writer’s Journey: Mythic Structure for Writers (1992), donde ahonda tanto en los arquetipos —Héroe, Mentor, Aliado y Sombra, entre los principales— como en las fases del llamado “camino del Héroe”:

  1. El mundo ordinario
  2. El llamado a la aventura
  3. La negativa inicial
  4. El encuentro con el Mentor
  5. Cruce del primer umbral
  6. Pruebas, aliados y enemigos
  7. Aproximación al interior de la cueva
  8. La iniciación
  9. La recompensa
  10. El camino del regreso
  11. La resurrección
  12. Regreso con el elíxir

Si lo piensas, los héroes del siglo XX que mencioné al principio cumplen casi punto por punto esta ruta. Rocky Balboa, por ejemplo, es un golpeador de poca monta —mundo ordinario— que un día recibe la oportunidad de enfrentar al campeón mundial —llamado a la aventura—, Apollo Creed, en un match de box; se da cuenta de que solo será incapaz de darle pelea —negativa inicial—, pero halla en Mickey —el mentor— la guía que necesita. Tras vencer a su propio miedo y la sensación de no ser suficiente, y con su prometida Adrian como su máxima aliada, llega a la pelea —la iniciación— y, aunque no gana el campeonato, su Recompensa no es sino el amor propio y el de su futura esposa.

Luke Skywalker

Lo mismo, o algo similar, sucede con dos huérfanos: Luke Skywalker, el humilde granjero que un día se entera de que es hijo de Darth Vader, un poderoso ex jedi que se convirtió al Lado Oscuro, al cual deberá enfrentar con lo que aprende de sus maestros Obi-Wan Kenobi y Yoda; y Harry Potter, que un día sabe la verdad de que es hijo de dos magos, que él mismo es un poderoso hechicero y que tiene un enemigo que ha jurado matarlo: “el que no debe ser nombrado” y señor oscuro, Voldemort; por ello, deberá asistir a clases de magia con su mentor, Albus Dumbledore, y hacer alianzas con todo tipo de seres del mundo mágico. Ambas sagas deben mucho a la narrativa de J. R. R. Tolkien, cuyos héroes Baggins cumplen al pie de la letra la ruta heroica en El señor de los anillos y El hobbit.

El último de los héroes del siglo pasado fue Neo, el héroe de la Trilogía Matrix. Este sencillo programador de apellido Anderson, con la guía de Morpheus, su mentor, deberá enfrentar a ejércitos de máquinas controlados por la más grande inteligencia artificial que se haya concebido, Deus Ex Machina, y a su propia Sombra o némesis, el Agente Smith. Al arranque del siglo XXI, la joven Katniss Everdeen tomó la estafeta cuando es arrancada de su vida cotidiana para participar en Los juegos del hambre.

Neo

Mención aparte merecen los superhéroes como Superman, Batman, Spider-Man, Iron Man, Hulk, Flash o Capitán América. Unos tienen superpoderes de nacimiento, otros los adquieren —con una mordida de araña o un suero— y unos más se los fabrican con los millones de dólares que heredaron de sus padres; hacen uso de ellos en un momento extraordinario que los define y, en general, tienen una brújula moral marcada por la tragedia —la extinción de su planeta, la muerte de sus padres, de un amigo o de la pareja—. Ellos cubren otra ruta, al parecer, pues tienen una naturaleza semi divina que, por un lado, los hace superiores y, por otro, los condena a jamás poder regresar a lo cotidiano.

Como vemos, más allá de seguir sacando jugo de los mismos personajes con seriales, trilogías, spin offs y secuelas, lo cierto es que en la narrativa fantástica abundan las historias que son “refritos” de los héroes de la Grecia antigua o el medievo europeo, de modo que hay pocas cosas nuevas bajo el Sol. ¿Conoces algún otro héroe popular que cumpla con “el camino del Héroe”?

Cierre artículo

Recibe noticias de este blog