
“Los que entráis aquí, abandonad toda esperanza…”
Divina Comedia, Infierno, canto III.
Según la actualización más reciente del Catecismo Católico, el Infierno es el estado espiritual destinado para quienes mueren en pecado mortal contra Dios; además, se describe como un lugar donde el alma está condenada al suplicio del fuego eterno, aunque el peor castigo —según los teólogos— consiste en la separación eterna del reino del Señor. No obstante, en los primeros años del siglo XIV un poeta florentino llamado Dante Alighieri concibió este sitio como una galería subterránea formada por nueve círculos concéntricos que van descendiendo hasta el último nivel, donde se encuentra el mismísimo Lucifer.

Estos círculos son descritos en el “Infierno”, la primera de las tres cánticas que conforman su obra cumbre: la Divina Comedia. La premisa es que, hallándose a la mitad de su vida, el poeta se interna en un bosque oscuro donde se encuentra con el poeta latino Virgilio, quien sirve como guía durante esta travesía por el inframundo en la que es testigo de las penurias a las que son sometidos los condenados, que están divididos en tres categorías según la gravedad de sus pecados: primero están los incontinentes, después los violentos y en lo más profundo se hallan los defraudadores y traidores.
Aunque no son tomadas como canon dentro de la Iglesia Católica, las visiones infernales de Dante en gran medida moldearon la concepción que hoy tenemos sobre el Infierno. Conozcamos a grandes rasgos los nueve círculos:
Primer círculo (Limbo)
En el Limbo se hallan los no bautizados y los paganos virtuosos que, pese a no haber cometido pecados graves, no conocieron a Cristo. En este círculo las almas no son propiamente atormentadas, pero siempre están deseando a Dios sin poder tenerlo nunca. Ahí, Dante se encuentra con los poetas y pensadores más grandes de la Antigüedad, y a algunos filósofos islámicos. A la salida del Limbo, las almas de los pecadores son juzgadas por el rey Minos, quien enrosca su cola al dictar la sentencia y asignar su lugar a los condenados.

Segundo círculo (Lujuria)
Dentro del grupo de los incontinentes —es decir, quienes permitieron que sus apetitos dominaran a la razón— están los lujuriosos, que se dejaron vencer por las debilidades de la carne. Aquí el castigo consiste en ser arrastrados por un viento fuerte que los estrella contra el suelo y las paredes, y los hace chocar entre ellas del mismo modo que en vida ellos se dejaron llevar como veletas por la pasión.
Tercer círculo (Gula)
La gula consiste en el deseo desordenado y el consumo excesivo de comida y bebida, y es un pecado grave cuando se daña la salud intencionalmente y se priva a los demás de necesario. Por eso, en este círculo los golosos son azotados por una lluvia helada con granizo, así como ensordecidos por el enorme can Cerbero, que una y otra vez los desgarra con uñas y dientes.

Cuarto círculo (Avaricia y Prodigalidad)
Aquí se castiga a quienes en exceso acumularon posesiones y riquezas, y a quienes las derrocharon. Ambos grupos empujan enormes piedras a lo largo del círculo, pero en direcciones opuestas, y se increpan cuando se encuentran unos con otros: “¿Por qué acaparas?”, “¿Y por qué derrochas?”.
Quinto círculo (Ira y Pereza)
Este círculo está dominado por la laguna Estigia, un cuerpo de agua oscura y putrefacta donde están sumergidas y anegadas las almas de los iracundos, que se golpean entre ellas y se despedazan a mordidas; al fondo de la laguna, hundidas en el fango, están las almas de los perezosos. En esta laguna, Dante se encuentra a un viejo enemigo florentino que intenta hundirlo, pero Virgilio reacciona y lo empuja, devolviéndolo a las negras aguas. Más allá de la laguna Estigia están los límites de la ciudad de Dite, donde se hallan los pecadores “activos”. Sus muros están custodiados por demonios o “ángeles caídos”.

Sexto círculo (Herejía)
En este círculo, Dante y Virgilio se encuentran con los epicúreos, que en vida negaron la inmortalidad del alma y, por tanto, cayeron en la herejía; sus almas están sepultadas en flamígeros sepulcros. Aquí, el florentino discute con un paisano suyo, quien le explica que en el infierno “se puede ver el futuro, pero no el presente”.
Séptimo círculo (Violencia)
Este círculo, a su vez, está dividido en tres anillos concéntricos: en el anillo exterior están quienes se dejaron llevar por la violencia contra otros, que son castigados en el Flegetone, un río de sangre hirviente; en el siguiente anillo están los suicidas o violentos contra sí mismos, que fueron transformados en nudosos árboles y son picoteados y desgarrados por las harpías que habitan ahí.

El anillo exterior está destinado para los blasfemos o violentos contra Dios, los violentos contra la naturaleza —sodomitas— y los usureros, que viven en un ardiente desierto de arena donde llueve fuego.
Octavo círculo (Fraude)
En los dos últimos círculos infernales se castigan los pecados más graves y a ellos solo se pueden llegar descendiendo por un gran acantilado. Este octavo círculo está destinado para quienes deliberadamente engañaron y cometieron fraudes, y está dividido en diez recintos o malebolges —“malas fosas”:
- Tercer recinto: aquí se castiga el pecado de la simonía —venta y compra de indulgencias espirituales mediante riquezas materiales—, poniendo las almas boca abajo con llamas que les queman los pies.
- Primer recinto: los proxenetas y seductores marchan en filas mientras son golpeados por demonios.
- Segundo recinto: los aduladores y quienes engañaron usando un lenguaje bajo y vulgar, están hundidos en excrementos humanos que representan las palabras en que en vida pronunciaron.

- Cuarto recinto: brujos, astrólogos y profetas caminan con la cabeza vuelta hacia atrás.
- Quinto recinto: políticos corruptos están sumergidos en brea hirviente que simboliza los densos secretos de sus malos tratos.
- Sexto recinto: los hipócritas llevan capas aparentemente de oro que en realidad son de pesado plomo y los hacen caminar arqueados.
- Séptimo recinto: los ladrones, custodiados por un centauro que escupe fuego, son mordidos por serpientes y sufren una transformación.
- Octavo recinto: aquí, los consejeros fraudulentos son revestidos con una llama que los abrasa.
- Noveno recinto: en esta bolgia, demonios dividen con espadas a aquellos que en vida dividieron a la gente.

- Décimo recinto: falsificadores como los alquimistas, perjurios e imitadores están permanentemente enfermos.
Noveno círculo (Traición)
En este círculo rodeado por los gigantes clásicos y de la Biblia, hay cuatro zonas concéntricas o “rondas”:
- la primera se llama Caina —como Caín, quien mató a su hermano Abel— y en ella los traidores a sus familias están sepultados en hielo;
- la segunda se llama Atenora y está destinada para los traidores a sus reinos, ciudades o países;
- en la tercera, Ptolomea, están los traidores a sus huéspedes, sumergidos boca bajo en el hielo;
- en la cuarta ronda, Judeca, están los traidores a sus benefactores.
Finalmente, en el centro del Infierno está Lucifer, condenado por cometer el pecado más grande: la traición contra Dios. Se le describe como una gigantesca bestia de tres caras que, enclavado en el hielo hasta la cintura, roe la cabeza de Judas Iscariote por toda la eternidad.

Tras esta extraordinaria travesía, los poetas salen del Infierno escalando por encima de Lucifer y pasando por el centro de la Tierra, para salir en el otro hemisferio junto antes del amanecer de la Pascua.



