
El pasado 16 de abril de 2025, muchos habitantes de la Zona Metropolitana del Valle de México fueron testigos de un fenómeno que los asombró y alarmó al mismo tiempo: a las 3:46 am, tras sentirse una fuerte explosión, se observó un meteoro; es decir, un fenómeno luminoso en el cielo debido al ingreso de un objeto por la atmósfera de la Tierra, el cual muy probablemente se desintegró antes de tocar el suelo.
Según el Instituto de Geofísica de la UNAM, el fenómeno —que también fue percibido en los Estado de México, Puebla, Hidalgo y Querétaro— se debió a un bólido; es decir un meteoro más brillante que el planeta Venus y que es observable incluso de día. Un fenómeno natural, al fin y al cabo.
Un caso muy distinto es el de la sonda espacial rusa Cosmos 482, cuya misión fallida comenzó en 1972 y tuvo como destino el planeta Venus. Tras semanas de angustiosa espera, finalmente el pasado 16 de mayo de 2025 ésta reingresó a la Tierra y se estrelló en el Océano Índico, muy cerca de Jakarta, Indonesia, por fortuna sin causar daños materiales ni pérdidas humanas. Desde el título, te imaginarás que este artículo aborda el problema de la basura espacial; pero verás que también incluye posibles soluciones.

Los problemas
Actualmente, los expertos estiman que hay más de 7,600 toneladas de material de desperdicio dando vueltas alrededor de nuestro planeta: 21 mil fragmentos miden de más de diez centímetros; 500 mil, entre uno y diez, y más de 100 millones de partículas miden apenas algunos milímetros. Esta “basura espacial” incluye desde el guante de un astronauta —espero que no lo haya perdido teniéndolo puesto— hasta una nave dada de baja y cohetes en desuso.
Esto representa un peligro potencial cuando uno de estos materiales reingresa a nuestro planeta: aunque la mayoría se desintegra antes de tocar el suelo, otros pueden causar graves daños en caso de impactarse en zonas pobladas; por si fuera poco, los que llegan a estrellarse pueden traer consigo materiales tóxicos que afectarían el medio ambiente, y ya ni hablemos de la infinidad de objetos en órbita que dificultan la observación astronómica y la correcta detección de asteroides en rutas de colisión con la Tierra.

Para que tengas una idea de todo lo que flota sobre nuestras cabezas, puedes visitar el sitio Stuff in Space, que presenta un modelo tridimensional de la basura que orbita la Tierra, actualizado en tiempo real. En él puedes identificar los satélites en color rojo; los cohetes, en azul, y los desperdicios en general, en gris. Además, puedes hacer acercamientos y seleccionar cada uno para obtener información específica de su órbita —altitud, inclinación, velocidad, etcétera—; una vez seleccionado un objeto, también puedes filtrar todos los elementos asociados a la misión a la que perteneció y que, muy probablemente, aún siguen flotando por ahí.
¿Hay soluciones?
Para evitar el abandono de cohetes propulsores en órbita, empresarios de la industria espacial como Elon Musk —dueño de SpaceX— y Jeff Bezos están produciendo cohetes y naves reutilizables, al tiempo que pretenden incursionar en el cada vez más cercano mercado de los viajes espaciales. Pero, ¿qué hay de la basura espacial que ya orbita en torno a nosotros?

Algunas agencias espaciales desde hace tiempo trabajan en soluciones “de limpieza”. Una de ellas fue la misión de prueba RemoveDEBRIS de la Agencia Espacial Europea —ESA, por sus siglas en inglés—, lanzada en 2018 desde la Estación Espacial Internacional y que consistió en un cubo equipado para la recuperación de desperdicios: una red desplegable que atrapa objetos, un arpón capaz de atraparlos siendo disparado a gravedad cero y una especie de vela de arrastre para retirar la misión y dirigirla en el ángulo correcto hacia la atmósfera, para lograr su total desintegración. Aunque no todas las pruebas fueron exitosas, sí hubo grandes avances y aprendizajes.
Otra solución sería que empresas y gobiernos se comprometan a diseñar satélites y cohetes de forma sostenible, para que sean retirados de forma segura cuando hayan cumplido su propósito. También se trabaja en tecnologías para predecir posibles colisiones entre objetos en órbita, con el fin de evitar la generación de escombros más pequeños y la desviación de estos hacia trayectorias no deseadas. Una última idea es lograr acuerdos internacionales para llevar a cabo la limpieza de los desechos espaciales.
Tú, ¿qué otra solución propondrías?…



