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‘Freelance’: consejos brutalmente honestos para sobrevivir

'Freelance': consejos brutalmente honestos para sobrevivir
Igor Übelgott

Igor Übelgott

Inspiración

El monumental Diccionario Merriam-Webster nos dice que, aunque entró a la lengua inglesa a principios del siglo XIX, la palabra freelance tiene un origen medieval y caballeresco: la primera vez que aparece registrada es en la novela Ivanhoe (1820) de Sir Walter Scott, cuando un señor feudal se refiere al “ejército de mercenarios” —my Free Lances— que había ofrecido al rey Ricardo Corazón de León. Y desde entonces ha tenido el significado de un trabajador especialista e independiente que —sin estar bajo la protección de un señor, de una señora, de un castillo o de una empresa— ofrece sus servicios a quien los necesita y paga por ellos, sin establecer compromisos permanentes.

Existen muchos mitos en torno a los freelancers —como se nos llama ahora—, así como una mala reputación que, he de admitir, en muchos casos es justificada. Hay quien piensa, por ejemplo, que como no vamos a una oficina, fiesteamos en martes, despertamos al mediodía y ejercemos el home office en calzones, si se nos antoja; de igual modo, es común pensar en ingresos esporádicos, inciertos y no comprobables, y que la vida es un poco como la de Pumba, Timón y Simba cuando eran libres y cantaban aquello de “Hakuna matata”.

Pero, luego de una década de altibajos, duras lecciones, caídas y frentazos con la realidad —así como de logros, aprendizajes, personas y proyectos maravillosos, como la página que lees en estos momentos y que alguna vez fue revista—, he comprobado que ser freelance es, en efecto, un poco como ser caballero andante: una vida con iguales dosis de libertad que de incertidumbre, en la que hay que rifársela pero sin ponerse quijotesco. Por eso, me permito compartirte cuatro consejos brutalmente honestos que te ayudarán a sobrevivir como freelance.

'Freelance': Promuévete en los sitios correctos

Promuévete en los sitios correctos

Hoy en día es muy común ver a profesionistas independientes que, cegados por su comodidad u orillados por la desesperación, usan sus redes sociales personales como canal de autopromoción y terminan atosigando a amigos y contactos con posts, anuncios y reels donde exponen sus servicios, sus productos o su empresa personal. Nunca se descarta que uno de nuestras amistades digitales pueda ser el enlace para nuestro próximo proyecto, pero yo digo que si uno quiere pescar peces de buen tamaño, hay que tirar la caña al río, al lago o al mar… y no a la pecera de tu casa, a ver si uno de tus betas muerde.

Al no contar con el respaldo y el prestigio de una empresa, tu operación depende enteramente de tus contactos y de las buenas recomendaciones que la gente haga de ti. Así, cultiva tus relaciones públicas profesionales, que no son las mismas que las personales; elabora una presentación que puedas enviar por correo o por WhatsApp, en la que expliques con sencillez y claridad tus productos o servicios; haz contactos clave, cerciórate de que conozcan tu disponibilidad y capacidades, y preséntate como alguien capacitado para ayudar y resolver problemas, y no como alguien que “necesita chamba”.

Formaliza

Una cosa es que hayas decidido proclamar tu independencia de la corporación, la empresa, el instituto, la cadena o el despacho —lo cual es muy encomiable—, y otra es que te hayas independizado de la realidad. Y como a las compañías del gas, de la luz y del agua, a la señora de la renta, al colegio de tus hijos y a los bancos les importa muy poco tu sentido de libertad, por muy hippie que seas ahora tendrás que hacer “un pacto con la Matrix” si quieres trabajar formalmente para empresas y particulares, y contar con el respaldo de la ley en el caso de que alguno de ellos no quiera pagarte.

Entonces, deja atrás el romanticismo juvenil y asúmete como un profesional: diseña tu imagen personal —logotipo, tarjetas, etcétera—, abre una cuenta de correo exclusiva para tus servicios, aprende a elaborar y presentar una cotización, firma contratos —es conveniente que los redacte o revise un abogado— y hazte ducho en cobranzas y otras cuestiones administrativas. Recuerda: al ser freelance, eres el creativo, sí, pero también el de ventas, la de conta, el jurídico, la de cobranzas, el CEO… y el que va por las quesadillas.

Organízate y planifica

Si te creíste el cuento de que ibas a ser “tu propio jefe” y de que “no tienes horario”, es tiempo de que sepas que “esas son puras mentiras”, como dice la canción. O quizá para algunos eso es cierto, pero cuando atiendes a varios clientes o formas parte de equipos, éstos tienen horarios a los que tendrás que ajustarte para reunirte o colaborar con ellos; además, es común que los proyectos tengan líderes, de modo que, lo siento, tendrás jefes y jefas. Así que a menos que quieras ser el rey de tu propio cuarto, tendrás que aprender a organizarte para cumplir con entregas, deadlines, citas y reuniones presenciales o virtuales, en los tiempos que mejor convengan a tus clientes o a los proyectos, y no a tu Ladie’s Night o a las series que tienes pendientes de ver en Netflix.

Puedes echar mano de las agendas de papel o electrónicas, de las bondades del Google Workspace —correo, calendario y agenda, todo sincronizado— o de otras herramientas como Trello y Click-Up, que permiten desglosar proyectos en tareas y microtareas, y asignarles un estatus de Pendiente, En proceso o Terminada, y obtener vistas por proyecto, por tareas no realizadas o en forma de calendario. Se trata de que tengas una visión panorámica de tu quehacer, optimices tu tiempo, cumplas con todos tus compromisos, no des plazos o alcances demasiado optimistas, conozcas tus capacidades y no te autoexplotes —algo que, por dinero, resulta muy tentador hacer.

'Freelance': Organízate y planifica

Aprovecha que eres freelance

Alguna vez Chris Anderson, ex editor de la revista Wired, dijo que ser profesionista independiente o emprendedor es, en el fondo, un asunto de administración de la salud mental: si te dejas oprimir por la ansiedad y la incertidumbre —como cuando esperas un pago que quién sabe si llegue—, terminarás volviéndote loco. Por eso, ahora que ya no tienes la obligación trabajar presencialmente, además de aprovechar el tiempo que usabas en el traslado en tareas productivas, puedes escapar de la rutina sustituyendo el home office por un “coffee office” en un cafecito agradable, silencioso y con buena vista, o incluso regalarte un viaje corto entre semana y aprovechar las bondades del trabajo remoto al tomar la videollamada de las tres desde la terraza de un hotel con vista a la montaña.

En otras palabras: es crucial que seas constante, puntual, organizado, trabajador, cumplido y con un gran sentido de la responsabilidad, si es que quieres destacar en el competido mundo del trabajo freelance; pero es igual de importante que cuides tu asset más valioso, que eres tú mismo, programando momentos de descanso, ejercicio, socialización y esparcimiento que te permitan “recargar la pila” para que tus jornadas sean provechosas y agradables, y que el esfuerzo extra que implica ser independiente te retribuya con una mejor calidad de vida.

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