Hablar contigo a solas: ¿desequilibro mental o herramienta emocional?

Hablar contigo a solas: ¿desequilibro mental o herramienta emocional?
Francisco Masse

Francisco Masse

Cuando era niño, vivía en una colonia popular del norte de la CDMX con personajes callejeros muy pintorescos. Uno de ellos era “la loquita” del barrio: una chica de unos veinte años, pelo corto y mirada perdida que seguramente tenía un trastorno mental mal atendido y a quien veíamos tener animados diálogos —o acaloradas discusiones— consigo misma mientras iba caminando por las tortillas. Desde entonces, cuando me sorprendo hablando conmigo mismo en voz alta, a veces me pregunto si no estaré convirtiéndome poco a poco en “el loquito” de mi edificio.

Pero no: ahora sé que este diálogo interno en voz alta no necesariamente es síntoma de un trastorno mental y que, más bien, se trata de una herramienta que abona a la claridad mental, a la organización de ideas y a la autorregulación emocional. Un artículo de Psychology Today señala que estos soliloquios tienen diversos beneficios psicológicos:

  • Sirven como guía cuando realizamos actividades complejas, como al armar un mueble o seguir una receta de cocina.
  • Ayudan a procesar mejor las experiencias novedosas, así como a adquirir nuevos conocimientos.
  • Mejoran el desempeño y la motivación de atletas y músicos.
  • Nos permiten procesar eventos desagradables del pasado.
Hablar consigo mismo

Hago memoria y me doy cuenta de que, como todo el mundo, he hablado conmigo mismo a lo largo de mi vida y en diversas circunstancias: cuando estoy memorizando una información o le doy vueltas a un asunto importante, al ensayar un argumento o imaginar una plática que tendré al día siguiente, o sencillamente cuando el silencio de la casa se torna demasiado pesado y me vuelvo una especie de narrador que comenta lo que hago, a veces en tono humorístico y otras —ya son las menos, por fortuna— como un crítico severo y difícil de complacer. Y he de confesar que este hábito se ha exacerbado en los últimos cinco años por obvias razones: la pandemia por Covid-19, el distanciamiento social obligado y la adopción del home-office como formato laboral, por lo que hoy paso gran parte de mi tiempo a solas… y con mi propia voz por compañía.

Pero no me quejo, pues otro de los beneficios de la costumbre de hablar a solas en voz alta es el auto distanciamiento emocional; es decir, la capacidad de distanciarse de las experiencias difíciles para observarlas desde una perspectiva más objetiva, en tercera persona. Esto ayuda a regular las emociones y reducir los sentimientos negativos, al tiempo que permite tomar decisiones más racionales y comprender más ampliamente la situación. Puedes poner en práctica este principio refiriéndote a ti mismo en segunda persona —por ejemplo: “¿Por qué te exiges tanto, Francisco Masse?”— o imaginando que eres un observador externo.

En un estudio realizado por el psicólogo Ethan Kross, de la Universidad de Michigan, los participantes que usaron su nombre o el pronombre “tú” durante su diálogo interno preparatorio tuvieron un mejor desempeño en un discurso público que los que se prepararon usando la primera persona “Yo”; además, los primeros también fueron menos autocríticos con los defectos de su discurso y dedicaron menos tiempo a reflexionar sobre sus deficiencias.

Cuidado con el diálogo interno negativo y la rumiación de pensamiento

En el otro lado de la moneda, hay que tener cuidado con dos aspectos nocivos: el diálogo interno negativo, que tiene lugar cuando te atacas, regañas, criticas, menosprecias, ofendes, compadeces o ridiculizas, lo cual de por sí es reprobable, pero al hacerlo en voz alta resulta aún peor; y la rumiación de pensamientos, o sea cuando le das vueltas al mismo asunto en voz alta sin llegar a ninguna solución.

La psicología ha demostrado que el journaling o la escritura de un diario reporta importantes beneficios para la salud mental; entonces, sería lógico pensar que lo mismo sucede al llevar a cabo estos recuentos en formato hablado. En lo personal, hablar solo me permite ordenar mis pensamientos y a menudo me revela aspectos de mí mismo que pasan desapercibidos en los pensamientos silentes: una suerte de “cura por el habla” donde el terapeuta no está sentado en una silla, sino que soy yo mismo hablando y escuchándome a la vez.

Un último comentario: si bien hemos visto que esto de hablar contigo mismo o de hablar en voz alta a solas no es algo para preocuparse o sentir vergüenza, no hay que perder de vista que en algunos casos también se trata de una táctica mental para sobrellevar el exceso de soledad, un poco como el personaje que interpretó Tom Hanks, el cual termina varado en una isla desierta y hablando con una pelota Wilson. Entonces, aunque quizás estos “podcasts para uno mismo” no son síntomas de locura, quizá sí lo sean de que necesitas encontrar espacios para ejercer diálogos provechosos o donde tu voz sea en verdad escuchada… por alguien que no seas tú.

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