
Solemos imaginar la creatividad como un acto individual, pero la historia nos ofrece otra perspectiva en la que algunas de las obras e ideas más interesantes aparecen cuando personas que saben hacer cosas distintas deciden trabajar juntas. Hablamos de proyectos multidisciplinarios, que no consisten simplemente en colocar a un músico junto a un diseñador y un programador; lo interesante comienza cuando sus conocimientos se mezclan hasta que resulta difícil establecer dónde termina el trabajo de uno y comienza el del otro.
Algunos de los movimientos y colectivos más influyentes de los últimos años surgieron precisamente de esta clase de encuentros entre artistas, diseñadores, programadores, músicos, bailarines y expertos en diversas áreas del conocimiento. Conozcamos algunos de los proyectos interdisciplinarios más destacados.
Bauhaus: crear sin respetar las fronteras
Fundada por Walter Gropius en 1919 como escuela de construcción, durante el periodo histórico conocido como la República de Weimar, en Alemania, la Bauhaus suele relacionarse de inmediato con la arquitectura y el diseño de objetos. Pero entenderla solo desde ese enfoque sería reducir considerablemente su propuesta. Su modelo educativo y artístico proponía relacionar disciplinas que tradicionalmente se enseñaban por separado. Así, los estudiantes experimentaban con materiales, formas y colores antes de integrarse a talleres especializados.
Artistas y artesanos participaban conjuntamente en la enseñanza, mientras que asignaturas como pintura, diseño, teatro, fotografía, arquitectura y producción industrial coincidían alrededor de problemas comunes. Lo importante no era que todos supieran hacer todo, sino que diferentes conocimientos pudieran intervenir en un mismo proceso.

Silla Wassily.

Logotipo de la Bauhaus, diseñado por Herbert Bayer.
Black Mountain College: el experimento como forma de convivencia
Una filosofía similar a la anterior apareció, años después, en un lugar con matices diferentes. Black Mountain College abrió sus puertas en Carolina del Norte, en 1933, y convirtió las artes en una parte central de su modelo educativo. Josef y Anni Albers llegaron allí tras el cierre de la Bauhaus —forzado por el ascenso del partido nazi en Alemania— y contribuyeron a desarrollar una cultura de experimentación interdisciplinaria.
En 1948, por ejemplo, una representación de The Ruse of the Medusa, de Erik Satie, reunió música, danza, teatro y diseño con participantes de la talla de John Cage, Merce Cunningham, Buckminster Fuller[1] y Willem de Kooning. Cuatro años después, John Cage organizó el evento después conocido como Theatre Piece No. 1, en el que participaron, entre otros, Cunningham, el pintor Robert Rauschenberg, el pianista David Tudor y los poetas Charles Olson y M. C. Richards.

The Factory: cuando el rock formó parte de algo más grande
En la década de 1960, apareció en Nueva York otro espacio donde las disciplinas comenzaron a mezclarse de una manera mucho menos académica. The Factory, el famoso estudio de Andy Warhol, funcionó como punto de reunión para artistas, músicos, actores, fotógrafos, cineastas, escritores y personajes de la contracultura estadounidense. Y uno de sus encuentros más fértiles ocurrió alrededor de la banda The Velvet Underground.[2]
Warhol se convirtió en representante y productor del grupo, incorporó a la cantante Nico a su entorno artístico y situó a la banda dentro de Exploding Plastic Inevitable, una serie de espectáculos multimedia en los que música, danza, luces estroboscópicas, diapositivas y proyecciones de cine ocurrían al mismo tiempo. El propio Warhol filmó a The Velvet Underground y algunas de esas imágenes fueron utilizadas en el contexto de aquellas presentaciones.

Underworld y Tomato: identidad que también se escucha
Décadas después de Warhol, esa relación entre música e imagen cruzó el Atlántico y encontró nuevas posibilidades. A finales del siglo XX, Underworld se convirtió en uno de los nombres importantes de la música electrónica británica, pero su universo creativo nunca se limitó exclusivamente al sonido.
Karl Hyde y Rick Smith también estuvieron vinculados a Tomato, un colectivo fundado en Londres a principios de la década de 1990, que reunió diseñadores, artistas, músicos y videastas. Esta relación sinérgica permitió desarrollar una identidad donde tipografía, fotografía, video, diseño gráfico, proyecciones y música podían entenderse como partes de un mismo lenguaje. Si quieres ver sus proyectos multimedia, haz clic en su sitio web: https://tomato.co.uk/.


teamLab: cuando el artista también necesita programadores
El cruce de conocimientos se vuelve todavía más evidente con proyectos como teamLab, colectivo surgido en Japón en 2001, cuya composición resulta reveladora, pues reúne artistas, programadores, ingenieros, animadores digitales, matemáticos y arquitectos para trabajar en proyectos que relacionan arte, ciencia, tecnología y naturaleza.
Sus instalaciones inmersivas permiten que imágenes digitales se extiendan por paredes, pisos y espacios completos, mientras algunas obras reaccionan a la presencia y al movimiento de los visitantes. Ya no resulta tan sencillo determinar si estamos ante pintura, instalación, animación, arquitectura, programación o diseño de experiencias. Adéntrate en este fascinante mundo haciendo clic aquí: https://www.teamlab.art/


Todos estos ejemplos, a pesar de estar separados en el tiempo por de más de un siglo, tienen algo en común: fueron posibles gracias a personas con especialidades diferentes encontraron maneras de trabajar juntos. Actualmente, para producir estas experiencias, el artista necesita comprender las posibilidades de la tecnología y el programador debe participar de decisiones estéticas.
Eso resulta especialmente relevante hoy, ya que muchos proyectos actuales necesitan diseñadores que dominen la tecnología, programadores sensibles a la experiencia humana, científicos capaces de comunicar sus investigaciones, artistas interesados en nuevos materiales y humanistas capaces de formular preguntas que los datos, por sí mismos, sin incapaces de responder…

[1] Si quieres saber qué hizo este genio, puedes leer este artículo: https://www.bicaalu.com/buckminster-fuller-el-genio-ignorado/.
[2] La famosa portada de su álbum homónimo, diseñada por Warhol, está entre las 10 mejores del siglo XX. Puedes verla y enterarte de su historia aquí. https://www.bicaalu.com/top-10-mejores-portadas-de-discos-del-siglo-xx/


