JOMO (‘Joy of Missing Out’) y la presión de la vida digital

JOMO ('Joy of Missing Out') y la presión de la vida digital
Guadalupe Gutiérrez

Guadalupe Gutiérrez

¿Los posts, historias, videos o textos casuales de personas que conoces se han vuelto más escasos? Lo que comenzó como cansancio ante la enorme cantidad de publicidad en redes sociales, el hartazgo por un algoritmo que cambia más rápido de lo que alcanzamos a entender y la presencia de bots en estas plataformas terminó consolidando el movimiento JOMO (Joy of Missing Out), que en español significa “el placer de perderse de las cosas”.

Si el acrónimo te suena familiar es porque hace referencia a otro que se popularizó en la década anterior: el FOMO (Fear of Missing Out), “miedo a perderse de algo”. Muchos queríamos tener una cuenta en Facebook, Instagram, Twitter (ahora X), TikTok, Snapchat, Tumblr y en cuanta red social existiera —incluso LinkedIn—. La necesidad de inmediatez en las noticias y el deseo de estar en todas las conversaciones nos llevó a pasar horas pegados a las pantallas de nuestros teléfonos y computadoras.

La obsesión por ser los primeros en enterarnos o en compartir algo, por vigilar lo que otros publicaban o quién veía lo que nosotros subíamos, se convirtió en una enajenación digital. Incluso surgieron fenómenos como la “vibración fantasma”: personas que reportaban sentir que su teléfono vibraba por notificaciones, aunque al desbloquearlo no hubiera ninguna. Vivíamos obsesionados con nuestra presencia digital.

Internet llegó como la solución a muchos problemas y, aunque en gran medida ha sido un aliado invencible, también trajo consigo consecuencias que descubrimos tras su uso cotidiano: dificultad para concentrarnos, aumento en los casos de ansiedad y depresión, incapacidad para separar lo laboral de lo personal —sobre todo con el home office—, aislamiento social y una percepción alterada de la realidad, entre otras. No sorprende que muchas personas hayan decidido cerrar sus redes sociales de manera definitiva o, al menos, reducir la frecuencia con que comparten fotos y videos.

Las generaciones más jóvenes (Gen Z y Gen Alpha) han sido pioneras del JOMO. Al haber experimentado desde temprana edad la presión de la vida digital, optaron por dejar de compararse con modelos e influencers que exhiben estilos de vida inalcanzables, para intentar reconectar con la vida offline. Prefieren reuniones para jugar juegos de mesa o cafés donde nadie publica fotos en Instagram ni videos en TikTok, o si lo hacen, los rostros de los asistentes no aparecen.

Jugar juegos de mesa

Rara vez un fenómeno social tiene una sola causa. No se trata únicamente del cansancio frente a la publicidad o de la comparación con vidas idealizadas; también influye el creciente valor que se otorga a la salud mental y emocional. Hoy existe más información sobre los beneficios de priorizar actividades que mejoren nuestra calidad de vida y nos proporcionen tranquilidad.

Si tú también quieres reemplazar el FOMO por el JOMO y descubrir si es lo adecuado para ti, aquí tienes algunos consejos para facilitar la transición:

Desactiva las notificaciones de las redes sociales, incluso las silenciosas. Ver los globos de notificaciones provoca que entremos a revisarlas aunque no estén relacionadas directamente con nosotros.

Activa el modo “focus/no molestar” en tu celular y computadora. Así evitarás que ciertas aplicaciones envíen notificaciones, lo que favorecerá tu concentración al trabajar o dedicarte a un pasatiempo.

Administra el tiempo que pasas en redes sociales. Al inicio puede ser difícil, pero asigna periodos específicos y respétalos. Puedes monitorear el uso de pantalla desde tu celular o en cada aplicación. Reduce esos lapsos y destina el tiempo liberado a una actividad offline que te haga feliz, te acerque a tus metas o simplemente te ayude a descansar.

Administrar el tiempo que se pasa en redes sociales

Sé paciente y constante. No notarás cambios inmediatos el día que reduzcas tu uso de redes; es probable que experimentes ansiedad o irritación, pero con unos días empezarás a sentirte mejor. Tendrás más tiempo para ti y tu cerebro dejará de estar sobreestimulado de forma permanente.

En un entorno en el que las redes sociales, la televisión, el radio, las aplicaciones digitales y hasta la calle compiten por nuestra atención, elige con cuidado. Recuerda: tu atención es tu tiempo, y tu tiempo es tu vida.

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