La invasión inglesa: cuando el rock cruzó el Atlántico

La invasión inglesa: cuando el rock cruzó el Atlántico
Fernando N. Acevedo

Fernando N. Acevedo

A mediados de los años 60, algo curioso pasó en la música popular en lengua anglosajona: los británicos, que hasta entonces eran vistos como los primos elegantes —pero algo conservadores— de los estadounidenses, se apoderaron de las listas de popularidad en los Estados Unidos. A este fenómeno se le llamó “la invasión inglesa”, y no fue llevada a cabo con cañones ni barcos, sino con guitarras eléctricas, peinados rebeldes y “formas de hablar el inglés” que hicieron suspirar a millones.

Los orígenes

A principios de la década de los 50, surgió un ritmo musical derivado y/o influenciado por otros, como el rhythm and blues, la música country, el blues y el boogie woogie, entre otros, y que sería conocido en el mundo entero con el nombre de rock and roll.

Por su parte, la población de una Inglaterra sumergida en una depresión económica arrastrada desde finales de la Segunda Guerra Mundial tenía disparidades enormes entre los jóvenes de diferentes estratos sociales. La mayoría de ellos apenas terminaban la escuela ya tenían marcado el futuro: la fábrica, el campo o los muelles, donde el trabajo era mucho, el sueldo escaso y la perspectiva de un porvenir con comodidades u holgura económica, casi un espejismo. Fue cuando los jóvenes aprendieron a pasar su poco tiempo libre en fiestas donde lo que se escuchaba y bailaba era el rock and roll venido de los Estados Unidos, el cual adoptaron de inmediato.

Luego de bailarlo, e impulsados por la moda, formaron grupos para ejecutarlo copiándolo; después, lo modificaron para satisfacer el oído y los sentimientos británicos, logrando un sonido que pudieron reconocer como propio. Surge entonces en Liverpool la música beat, que enriqueció el rock and roll con armonías vocales y dio origen a melodías pegadizas. Y no sólo eso: en la década de 1960 apareció el mov, un movimiento juvenil centrado en la moda, la cultura y la música, que adoptó sonidos del R&B[1], el soul, el ska y el jazz, mezclándolos. ¿El resultado? Música que cruzó el océano Atlántico y se instaló para siempre en el gusto norteamericano.

La oleada comenzó con los Beatles

En 1964, cuatro jóvenes de Liverpool aparecieron en el show de Ed Sullivan y más de 70 millones de personas los vieron. Fue como si alguien hubiera encendido una chispa en el corazón de la juventud norteamericana, que a su vez dio inicio a los fuegos artificiales que aún iluminan la noche de millones de melómanos en el mundo entero. De pronto, todos querían tener o pertenecer a un grupo musical, dejarse el pelo largo y cantar sobre el amor, la soledad y la revolución.

Y los Beatles no llegaron solos. Detrás de ellos venían grupos como Gerry and The Pacemakers, The Rolling Stones, The Kinks, The Who, The Animals o Yardbirds, cada uno con su estilo, pero todos con una actitud que parecía decir “venimos a quedarnos”. Y lo hicieron. Durante varios años, los grupos británicos dominaron las listas de Billboard, los programas de televisión y hasta los pósteres en las habitaciones de los adolescentes.

Y los estadounidenses, ¿se quedaron cruzados de brazos?

Para nada. Aunque al principio pareció que los británicos les habían robado el show, varios grupos estadounidenses se pusieron las pilas y respondieron, algunos imitando el sonido británico y otros apostando por lo suyo, por el alma del rock hecho en casa.

Uno de los primeros grupos en levantar la mano fue The Beach Boys. Aunque su estilo era más surf y hecho a base de armonías vocales, Brian Wilson se obsesionó con superar a los Beatles. El resultado fue Pet Sounds, un disco que, según Paul McCartney, lo inspiró para crear el Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band. Así que sí, hubo competencia, y de la buena.

Otro grupo que se plantó firme fue The Byrds, quienes tomaron el folk de Bob Dylan y lo mezclaron con guitarras eléctricas al estilo de los Beatles. Su versión de “Mr. Tambourine Man” fue un éxito, y su sonido se convirtió en una especie de puente entre el folk y el rock psicodélico que vendría después.

Y claro, no podemos dejar fuera a The Doors, Jefferson Airplane y, más adelante, a Creedence Clearwater Revival, que no intentaron sonar británicos, sino aferrarse a sus raíces: el blues, el country y el soul.

Más que una competencia, un diálogo

Lo interesante de esta época no es sólo quién vendía más discos, sino cómo se influenciaban mutuamente. Los Beatles escuchaban a Chuck Berry y Little Richard. Los Stones adoraban el blues de Muddy Waters. Y los estadounidenses, a su vez, empezaron a experimentar más, a jugar con sonidos, a escribir letras más profundas.

Fue una especie de ping-pong musical. Los británicos tomaban lo que les gustaba del rock americano, lo transformaban y lo devolvían con un toque propio. Los estadounidenses lo recibían, lo digerían y respondían con nuevas propuestas. Así nacerían el rock psicodélico, el garage rock y el folk rock… una explosión de creatividad que definió los años 60.

¿Quién ganó?

Esa es la pregunta que muchos se hacen, pero la verdad es que no hubo un ganador claro. Lo que sí hubo fue una época dorada para la música. Gracias a esa “invasión” y al “contraataque”, el rock se volvió más complejo, diverso y emocionante.

Hoy, cuando escuchamos a Arctic Monkeys o a The Strokes, podemos rastrear dicha historia. Los acentos cambiaron, los peinados también, pero la esencia sigue ahí: una conversación entre dos culturas que, aunque separadas por el océano, encontraron en la música un terreno común.

Así que la próxima vez que escuches Satisfaction” o “Good Vibrations”, recuerda que detrás de esos acordes hay una historia de rivalidad, admiración y evolución.

Cierre artículo

[1] Abreviación de “Rhythm and Blues” [N. del A.]

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