La soledad no hace daño: de hecho, es buena para ti

La soledad no hace daño: de hecho, es buena para ti
Francisco Masse

Francisco Masse

Debido a la pandemia por Covid-19 y, sobre todo, al aislamiento social que nos vimos obligados a adoptar, me atrevo a decir que durante el último lustro una “pandemia paralela” ha sido la soledad. De hecho, estas líneas las escribo solo en mi casa, pues fui de esas personas que adoptaron el esquema remoto durante el confinamiento y jamás regresaron a una oficina. Y como se ha dicho mucho acerca de los efectos negativos de pasar demasiado tiempo aislado, quizá te sorprenda saber que la soledad no hace daño y que, de hecho, es buena para ti… siempre que cumplas con un requisito esencial. Sigue leyendo para conocerlo.

Como nunca antes en la historia, millones de personas en el mundo reportan sentirse solas o solitarias, una sensación que se acrecienta si pasas demasiado tiempo en las redes sociales y te comparas con otros que, según tú, tienen una vida mejor que la tuya. Y numerosos reportes médicos y de instituciones de salud dan fe de que esta condición de soledad tiene un efecto determinante en la incidencia del estrés, la depresión, la ansiedad y otros trastornos psicológicos.

Pero hay que aclarar que una cosa es “estar solo” y otra, “sentirse solo”; en ese sentido, todos conocemos a gente que convive con decenas de personas, tiene cientos de conexiones en las redes sociales y en su ámbito laboral o estudiantil, y aun así al llegar a su casa o a su habitación, tiene una terrible sensación de soledad. La primera conclusión, entonces, es que la soledad es una experiencia subjetiva que los psicólogos sociales definen como “la brecha o diferencia entre las conexiones sociales que te gustaría tener y las que sientes que tienes”. Esto ofrece una primera pista, pero volvamos a la tesis de este artículo.

La soledad es una experiencia subjetiva

Un estudio cuantitativo realizado en la Universidad de Reading, Inglaterra, analizó los beneficios y los perjuicios de pasar tiempo en soledad para determinar si las personas se benefician de un equilibrio entre su soledad diaria y su tiempo social, de modo que una “cantidad adecuada” de ambos maximice su bienestar; utilizando diarios, se registró el tiempo que los participantes pasaban solos y el que interactuaban socialmente, y éstos reportaron diariamente sus niveles de estrés, satisfacción vital, autonomía y soledad.

Los resultados mostraron que no existe un equilibrio óptimo claro entre la soledad y el tiempo social, ni tampoco un “número adecuado” de horas en soledad. Y lo que es más: pasar mayor tiempo a solas se relacionó con una mayor sensación de reducción del estrés —lo que sugiere efectos calmantes en la soledad— y con la sensación de libertad para elegir y ser uno mismo. Sin embargo, una soledad profunda no es del todo buena, pues en los días con más horas a solas las personas también reportaron sentirse menos satisfechas, lo que destaca los posibles perjuicios del aislamiento social.

¿Dónde está la clave, entonces? La psicóloga Netta Weinstein, líder del estudio, destaca que “los impactos negativos se redujeron o anularon cuando la soledad fue motivada por una elección personal en lugar de impuesta por factores externos”. Aclaró que los confinamientos forzados por la pandemia demostraron los efectos a largo plazo que puede producir la privación de interacción con otras personas, pero enfatizó que pasar tiempo a solas aporta beneficios como reducir el estrés y hacernos libres para ser nosotros mismos.

Pasar tiempo a solas puede ser una opción saludable y positiva

En conclusión, pasar tiempo a solas puede ser una opción saludable y positiva, ya que no existe un nivel universal de socialización o de soledad al que debamos aspirar. La Sociedad Psicológica Británica propone siete formas en las que puedes sacar provecho de tu soledad:

  • No te excedas. La medida es simple: si te sientes solo o sola, ya no está siendo bueno para ti. Llegado ese punto, piensa en qué formas y con qué gente deseas invertir tu tiempo… y date la oportunidad de hacerlo.
  • Descárgate y desestrésate. Con sólo quince minutos de soledad, se presenta un efecto de “desactivación emocional” que reduce experiencias como la ira, el estrés y la ansiedad.
  • Encuentra tu libertad personal. Además de aminorar el estrés, estar solo permite estar menos “controlado” o “presionado” para comportarte de cierta manera, lo que te brinda una sensación de mayor autonomía y te libra de la obligación de cumplir con expectativas sociales.
  • Toma tiempo para ser creativo. Pintar, dibujar, bailar —literalmente, “como si nadie te viera”—, escribir poesía o aprender a tocar un instrumento son sólo algunas formas en las que puedes aprovechar tu tiempo a solas.
  • Halla el ángulo adecuado. Como ya dije, el tiempo que pasas sin nadie a tu alrededor importa menos que tu percepción de ello; entonces, enfócate en los beneficios más que en tus deseos o fantasías de estar con alguien.
  • Aquilata poder estar solo. En inglés, se le llama aloneliness a la falta o insuficiencia de tiempo a solas ¿Te ha pasado que, al pasar días enteros en unas vacaciones familiares, ansías llegar a casa para poder estar solo? A eso me refiero: a agradecer la posibilidad de poder estar contigo mismo.
  • Haz lo que siempre has querido. No se trata de cometer locuras, sino de aprovechar tu soledad para soltar la rienda a esas actividades y sueños que siempre postergas por estar complaciendo a alguien más, lo cual cobra mayor sentido cuando hablamos de no estar en pareja. Así, para obtener el mayor beneficio y bienestar de tu soledad, elige a qué dedicarás tu tiempo; eso te dará mayor satisfacción que andar cumpliendo deseos de otros.
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