
Si no has oído hablar de Elena Ferrante, se trata de una novelista italiana que escribe desde el anonimato de su célebre seudónimo y que alcanzó éxito mundial con su tetralogía Las dos amigas, publicada originalmente por Edizione E/O entre 2011 y 2014. La saga está formada por La amiga estupenda —elegida Mejor Novela del siglo XXI en una encuesta convocada por The New York Times en 2024—, Un mal nombre, Las deudas del cuerpo y La niña perdida; esta historia sobre una amistad intensa y prolongada entre dos mujeres, que florece en medio del conflicto, ha vendido más de 30 millones de ejemplares y se ha traducido a casi cincuenta lenguas.

Desde su publicación, la popularidad de las “Novelas napolitanas” —como se les conoce— ha sido tanta que en 2018 fueron adaptadas por HBO MAX para una serie de cuatro temporadas, una por cada libro, de ocho episodios cada una. En la trama, seguimos la vida de Elena Greco (Lenù) y de Raffaela Cerullo (Lina), dos amigas que se conocen en la infancia e intentan labrar su camino usando la astucia, un recurso indispensable para sortear toda clase de conflictos en su barrio napolitano
A través de la amistad de estas dos niñas, apreciamos un microcosmos familiar y social que intenta reinventarse tras los estragos causados por la Segunda Guerra Mundial. De forma precisa, Ferrante describe la angustia adolescente que busca derribar los mitos de la infancia y construir una identidad. Además, en las relaciones que establecen Lina y Lenù entre ellas y con otros personajes, la autora retrata fielmente las dinámicas de poder dentro de las familias, los grupos de amigos y la sociedad, en un entorno lleno de carencias donde la violencia y el crimen son algo cotidiano.
La tetralogía consolidó a Elena Ferrante como una de las voces narrativas más influyentes del presente siglo, pues logró capturar con sensibilidad e inteligencia la convulsión política y social de Italia durante la posguerra, a mediados del siglo XX. Aunque en ningún momento se pierde el foco central en la historia de Lina y Lenù, el paso del tiempo juega un rol fundamental, pues el marco histórico es esencial para el desarrollo de los personajes, las experiencias y los conflictos que se describen.
Su éxito, tanto ante la crítica literaria como entre los lectores, no radica en la historia de amistad que relata, sino en la forma como la cuenta la autora, provocando reflexiones sobre la violencia de género, las imposiciones patriarcales, las asimetrías de poder asociadas al linaje familiar, así como el clasismo y el sexismo en el ambiente académico y laboral. Así, Ferrante consigue que sus lectores profundicen en las capas del lenguaje que emplea para encontrar significados más allá de lo literal, transformando la cotidianidad en algo extraordinario.

Al leer las cuatro novelas, atravesamos un periodo de sesenta años en el que experimentamos la convulsión social y política que se vivió en Italia. La crudeza con la que Ferrante describe hechos de una implacable violencia contrasta con las sensibles descripciones de la psique de los personajes, las cuales en ocasiones plantean cuestionamientos existenciales y filosóficos que inevitablemente llevan a los lectores a meditar sobre su propia vida.
Una de las fortalezas de esta narrativa es el realismo con que la autora desarrolla el rol de las mujeres en distintos estratos sociales: las expectativas y limitaciones que experimentan, el enorme esfuerzo para derribar las barreras que el entorno les ha impuesto y la lucha constante por alcanzar sus objetivos sin perderse a sí mismas en el proceso. La exploración de la dualidad y de los rasgos complementarios de las amigas, así como de la constante competencia intelectual entre ellas, está tan llena de matices que vuelve inevitable empatizar con ellas; y al analizar su contexto familiar, social y económico comprendemos sus decisiones, quizá sin justificarlas.
Sin duda esta historia de largo aliento es una épica moderna con todos sus reveses y recursos narrativos, la cual seguramente seguirá fascinando a críticos y lectores por muchos años más; el impacto que ha tenido en la vida de los lectores se debe, tal vez, a su enorme carga emocional y al realismo en la sucesión de los hechos. Esto ha hecho que los fans de Ferrante sospechen que hay elementos autobiográficos plasmados a lo largo del cuarteto, pues su conocimiento geográfico, social, político —y hasta del dialecto napolitano— sugiere que pasó parte de su vida en el barrio que describe, e incluso hay quienes piensan que aún vive ahí. Por eso, muchos lectores toman tours guiados para visitar los lugares mencionados en las novelas napolitanas y en el resto de los libros de la anónima escritora italiana, pues es muy posible que, sin saberlo, ella pase caminando al lado suyo…



