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Moby-Dick, la génesis de un clásico

Moby-Dick, la génesis de un clásico
Fernando N. Acevedo

Fernando N. Acevedo

Inspiración

La historia de la literatura universal está llena de biografías de autores que conocieron tanto las mieles de la fama como las tribulaciones de la necesidad. Herman Melville, de quien pronto festejaremos el bicentenario de su nacimiento, conoció ambos extremos en el transcurso de su vida. Esto, como veremos, le dio suficiente material para escribir varias de sus obras, entre las que se encuentra su novela más famosa: Moby-Dick. Nacido con el apellido Melvill el primero de agosto de 1819 en la ciudad de Nueva York, es imposible hablar de ella sin repasar la vida de su autor.

Tercero de ocho hijos de un comerciante francés de ultramarinos y una protestante de origen holandés, y nieto tanto del lado paterno como del materno de héroes de la Guerra de Independencia estadounidense, Herman Melville conoció la opulencia y los privilegios. Pero cuando su padre falleció dejando grandes deudas, tuvo que desempeñar varios trabajos y oficios, entre los que estuvieron el de empleado de banco, maestro rural, marinero de ruta comercial y el de marinero en un barco ballenero. Al embarcarse en este último, no sabía que le esperaban una deserción, el cautiverio en manos de una tribu caníbal, el ser vendido como esclavo a un segundo barco ballenero, la prisión por haberse amotinado junto con todos los tripulantes de éste, el abordar un tercer ballenero que abandonaría en Hawái y, al final, el enrolamiento en una fragata militar de la marina de los Estados Unidos, de la cual se despediría en Boston con todos los honores luego de estar fuera de casa por casi cuatro años.

Después de todo este periplo, y por la necesidad monetaria al no encontrar en qué ocuparse, decidió escribir su primer libro, Taipi: un edén caníbal (1846), en el que aprovechó el gusto que entonces tenían los jóvenes románticos por los relatos de viajes y aventuras. Tal fue su éxito que publicó una secuela, Omoo (1847), que le valió no sólo el reconocimiento del círculo literario, sino las finanzas para decidirse a contraer matrimonio.

El tercer libro de Melville, Mardi (1849), fue presentado como una ficción literaria —a diferencia de los primeros dos, que eran memorias de sus viajes— y no fue bien recibido ni por el público ni por la crítica. Sin darse por vencido, escribió dos libros más, Redburn (1849) y White Jacket (1850), ambos basados también en sus viajes. Al mismo tiempo, consiguió trabajo como colaborador en la revista Literary World, cuyo editor poseía una vasta biblioteca en la que Melville tuvo acceso a un amplio abanico de autores y temáticas. Luego de un viaje a Europa en 1849 para negociar los derechos de publicación de su obra, se trasladó a una granja en Massachusetts donde redactaría durante dos años su obra maestra.

Portada de la primera edición de Moby-Dick o La ballena.

Portada de la primera edición de Moby-Dick o La ballena.
Nótese el guión en el título, que posteriormente desaparecería.

En ella narra las aventuras del joven Ishmael a bordo del barco ballenero Pequod, cuyo capitán, Ahab, tiene la obsesión de matar a una ballena blanca por culpa de la cual perdió una pierna en un primer intento fallido por cazarla. Al final, la ballena hundirá al Pequod y acabará con toda la tripulación, a excepción de Ishmael, quien sobrevivirá como único testigo de la tragedia.

Los estudiosos consignan que Moby-Dick tiene, además de las experiencias del autor como ballenero, dos orígenes verídicos. El primero es el relato, obtenido por Melville de manos del nieto de uno de los sobrevivientes del hundimiento del ballenero Essex en 1820 por una ballena de esperma que lo embistió a más de 3,200 km de la costa occidental de Sudamérica. El segundo es el relato de la cacería de un cachalote albino en 1930, conocido como Mocha Dick, famoso por ser escurridizo y por enfrentar con furia inaudita a los balleneros que intentaron matarlo. Se dice que fue necesaria una caza conjunta entre varias naves de diferentes nacionalidades para poder vencerlo, no sin que antes se hubieran perdido decenas de barcos y vidas humanas —entre 1810 y 1830, Mocha Dick tuvo más de cien enfrentamientos con balleneros; incluso se dice que su cuerpo estaba lleno de cicatrices y arpones clavados, detalle que Melville reproduce en Moby-Dick.

Representación de Mocha Dick, una de las inspiraciones de Moby-Dick.

Representación de Mocha Dick, una de las inspiraciones de Moby-Dick.

De tema aparentemente sencillo, Melville pintó detalladamente, a través de los ciento treinta y cinco capítulos de Moby-Dick, no sólo el entorno histórico de la industria ballenera —antes del petróleo, el aceite que se obtenía de las ballenas de esperma, o cachalotes, servía para iluminar tanto casas como ciudades enteras, como fino lubricante e, incluso, como base para perfumes—, sino, a nivel personal, lo que cada marinero enfrentaba al embarcarse durante años. Los soliloquios de Ishmael y los discursos de Ahab son un pretexto para exponer las ideas filosóficas y religiosas del propio Melville y, a través de la convivencia de los miembros de la tripulación, podemos entender una alegoría de la humanidad entera, con sus distintos orígenes y etnias representados a bordo del Pequod, viviendo “lo mejor que pueden dentro de un mundo en el que deben convivir”.

Moby-Dick no fue bien recibida por el público. Durante la vida del autor se vendieron muy pocos ejemplares y dejó de imprimirse cuatro años antes de su muerte. No sería sino hasta principios del siglo XX cuando el mundo literario retomaría interés en la novela de la que, a partir de entonces, se han impreso nuevas ediciones y creado innumerables adaptaciones para el cine, los dibujos animados, los cómics y la televisión.

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