Ni la casa ni el trabajo: ¿cuál es tu “tercer espacio”?

Ni la casa ni el trabajo: ¿cuál es tu "tercer espacio"?
Igor Übelgott

Igor Übelgott

Ahora que empezamos la segunda mitad de la década del 2020, vemos que a escala mundial los dos grandes motores de cambio han sido la irrupción de la IA y la transformación de los esquemas laborales y las prácticas sociales debida al confinamiento social que la pandemia por Covid-19 nos impuso durante años. Al salir de esta emergencia sanitaria, muchos de nosotros adoptamos esquemas de home office de teletrabajo, y perdimos así el espacio de encuentro social y convivencia que constituía la oficina. Por eso, hoy cobra mayor relevancia el “tercer lugar” o “tercer espacio”. Pero, ¿a qué se refiere ese término?

Cafebrería

En 1989, el sociólogo estadounidense Ray Oldenburg publicó su libro The Great Good Place, donde presentó al mundo su idea del “tercer lugar” o “tercer espacio”. Según una publicación en el blog de la Unesco, “un tercer espacio no es ni el hogar ni el centro de trabajo, sino uno de esos espacios que […] han contribuido a forjar el sentimiento de calidez, convivencia y una forma particular de confort que llamamos comunidad […], como las tabernas, las bibliotecas, las peluquerías o los cafés, que congregan a personas de diversas procedencias en una atmósfera informal”.[1] El concepto se adoptó rápidamente en algunos círculos, como una noción que enfatizaba la importancia de la cohesión social fuera de la familia y los entornos laborales, en un sitio que no requiere más que unas mesas, un anfitrión amable —eso es esencial—, alguna bebida como el café y la disposición de ver qué pasa cuando un grupo de seres humanos se reúne.

Hablando en particular de los cafés, estos establecimientos tomaron su nombre de la bebida que sirven y que impone una pauta de comportamiento y convivencia. A diferencia del alcohol, que es más nocturno —y a menudo conduce al baile, la deshinibición y el cortejo—, el café es matutino, asequible y aviva los sentidos y el intelecto; por ello, se asocia a la lectura, la escucha de música, el ajedrez y al intercambio de ideas: una atmósfera que encontrábamos en El Parnaso y otros cafés coyoacanenses extintos, donde se daban cita los intelectuales de su tiempo.

Disfrutar de un buen café en compañía

En la misma entrada del blog, la Unesco aborda la cuestión de qué sucedió tras la pandemia con los terceros espacios del mundo y pintan una triste realidad: 80 % de los cafés recurren a las ventanillas de autoservicio o al delivery por medio de aplicaciones móviles, aniquilando el sentido de comunidad que antiguamente tenían como centros de encuentro… y de desencuentro, porque también es sana la diversidad de opiniones; además, mucha gente llega a su Starbucks favorito solamente a usar la banda ancha y a aislarse del mundo poniéndose unos audífonos, contraviniendo así el concepto del “tercer espacio”. Y si bien se empieza a hablar de “terceros lugares virtuales”, se ha comprobado que nada reemplaza el contacto humano, la calidez de una voz y el impacto de una mirada que proviene de unos ojos y no de una pantalla.

La Unesco afirma: “Es momento de revitalizar el tercer lugar para discusiones, debates, camaradería y buen humor. Necesitamos ver a nuestros amigos y vecinos, y rodearnos de gente que no conocemos. El tercer lugar se sitúa en el centro de nuestra búsqueda de una vida mejor”, y estoy de acuerdo. Pero no solo hablamos de cafés: un parque público donde se pueda hacer ejercicio o se impartan clases de karate, yoga, Zumba o de lo que sea—; una casa de cultura con actividades, un centro comunitario, el grupo pastoral de la iglesia o hasta la fonda donde sirven la comida corrida pueden convertirse en tu “tercer espacio”, si te das la oportunidad de socializar.

Interior de un bar

En mi caso, tras mi migración al sur de la capital me he “amarchantado” con algunos cafés locales que, más allá de proveerme de deliciosa repostería y buenas dosis de cafeína, me han servido para conocer gente con la que, de otro modo, jamás habría cruzado palabra. Y eso es bueno, en especial en una época donde todo —el trabajo, las reuniones, las compras y el entretenimiento— quedó montado para que no tengamos que salir de casa… y cada vez es más fácil caer en esa tentación.

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