
El Diccionario del Español de México define la palabra cerro como un “terreno elevado y de no muy grande extensión, que se levanta sobre una planicie”. Incluso más que los volcanes y las montañas, en la orografía de nuestro país los cerros son protagonistas casi omnipresentes y esa misma relevancia han tenido algunos de ellos en la historia de México, al ser escenario de episodios heroicos, mitológicos, trágicos o religiosos.
Aquí menciono, a vuelo de pájaro, los ocho cerros más importantes en la historia de México, junto con una breve explicación del porqué de esa designación. No todos existen y no todo lo que se cuenta sobre ellos es verídico, pero cada uno forma parte del rico entramado en el que se tejen la historia, la leyenda y la tradición popular.
Cerro Coatepec
No me refiero al cerro real y físico, también llamado Cerro de las Culebras, que se encuentra en el Pueblo Mágico de Coatepec, Veracruz, sino al cerro Coatepec mitológico donde, según la religión mexica, tuvo lugar el embarazo de la diosa Coatlicue y el nacimiento de su hijo, Huitzilopochtli, dios de la guerra y patrono del imperio mexica. A falta de mayores referencias geográficas, los arqueólogos del INAH han ubicado esta mitológica elevación de tierra —cuyo nombre en náhuatl significa “cerro de la serpiente”— en el estado de Hidalgo, más precisamente en el Valle del Mezquital.

Cerro del Chapulín (CDMX)
Todos lo conocemos mejor por su nombre en náhuatl: Chapultepec. Este cerro, ubicado en el poniente de la Ciudad de México, fue el lugar del primer asentamiento del pueblo mexica. Después, en la época virreinal, en su cúspide se construyó el hermoso Castillo de Chapultepec, que lo mismo fue colegio militar y escenario de la Gesta Heroica de los Niños Héroes —o, al menos, eso es lo que nos dice la historia— que residencia presidencial; actualmente, junto con el Alcázar, el Castillo alberga al Museo Nacional de Historia.

Cerro del Tepeyac (CDMX)
Viajemos ahora al norte de la capital mexicana, a un cerro que se ubica en los límites con el Estado de México y que, según la tradición católica, en el año 1531 fue el marco geográfico de las apariciones de la Virgen de Guadalupe ante el indígena Juan Diego Cuauhtlatoatzin, hoy canonizado por la Iglesia y conocido como San Juan Diego. Pero otro dato mucho menos conocido es que, entre 1847 y 1848, la Villa de Guadalupe Hidalgo —es decir, el cerro, las iglesias, la antigua Basílica y el poblado que creció a las faldas del cerro— fue una de las capitales de la República Mexicana y el sitio donde se firmó el infame Tratado de Guadalupe Hidalgo, con el que nuestro país cedió más de la mitad de su territorio.

Cerro de las Campanas (Querétaro, Qro.)
Aquí la importancia histórica resulta clara: el 19 de junio de 1867, en este cerro queretano fue fusilado el austriaco Maximiliano de Habsburgo, segundo emperador mexicano, junto con los militares Miguel Miramón y Tomás Mejía. Con esa brutal ejecución militar, se restauró el régimen republicano encabezado por Benito Juárez y vio su fin la intentona conservadora de importar un noble europeo para gobernar al país. Hoy, una estatua monumental de Juárez nos recuerda la tan repetida efeméride.

Cerro de la Silla (Monterrey, N.L.)
Ma atrevo a decir que es el cerro con el perfil más reconocible en todo el país y, junto con los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, la elevación geográfica más popular de México. Es el símbolo de la industriosa ciudad de Monterrey y su nombre, según la tradición histórica, lo debemos al noble y militar portugués Alberto del Canto, quien en el siglo XVI fundó varias ciudades al norte de México, incluyendo Saltillo, y estuvo muy involucrado en la fundación de Monterrey, oficialmente atribuida a Diego de Montemayor. Según se cuenta, Del Canto estaba casado con una de las hijas de Montemayor y viajaba con frecuencia a la Sultana del Norte; en una de sus travesías, notó el parecido del cerro con una silla de montar. El resto es historia…

Cerro del Cubilete (Silao, Gto.)
Este cerro es tan famoso que hasta el buen José Alfredo Jiménez le dedicó unos versos, cuando cantaba: “El Cristo de tu montaña / El cerro del Cubilete / Consuelo de los que sufren / Adoración de la gente”. Y es que en la cima se encuentra en Santuario de la Montaña de Cristo Rey, coronado por la estatua monumental de 20 metros de altura, a cuyos pies se levanta una iglesia católica. Algo que no todos saben, sin embargo, es que el actual es el segundo Cristo Rey que se levanta en el Cubilete, pues el primero fue bombardeado por órdenes del entonces presidente, Plutarco Elías Calles, en el marco de la Guerra Cristera, uno de los episodios menos mencionados de nuestra historia.

Cerro de la Bufa (Zacatecas, Zac.)
Este se encuentra en el centro histórico de la capital zacatecana. Uno de los posibles orígenes de su nombre apunta al explorador español Juan de Tolosa, a quien su forma abombada le recordó una “bufa”, como se le llamaba en aragonés a una vejiga de cerdo. Este sitio es un landmark histórico porque en él se libró la Toma de Zacatecas, durante la Revolución Mexicana, en la que el general Francisco Villa venció a las fuerzas del presidente Victoriano Huerta, lideradas por el general Genaro Gómez.

Cerro del Fortín (Oaxaca, Oax.)
El último cerro en este conteo ha sido declarado Parque Nacional y se encuentra en la capital oaxaqueña. Por su elevación, en tiempos prehispánicos y durante el Virreinato era usado como sitio de vigilancia militar; hoy, sin embargo, además de su relevancia como pulmón natural de la ciudad, tiene una gran importancia cultural por albergar el Auditorio Guelaguetza, sede del festival del mismo nombre, que reúne a las regiones de Oaxaca en una fiesta que conjuga folclor, tradición, color, sabor e historia en un solo evento.




