Tres hábitos que parecen buenos, pero te roban la paz mental

Tres hábitos que parecen buenos, pero te roban la paz mental
Francisco Masse

Francisco Masse

Hace unos días, vi en Netflix los cuatro episodios de la miniserie Vivir cien años: los secretos de las zonas azules (2023), en los que Dan Buettner viaja a esos sitios aparentemente mágicos donde numerosas personas alcanzan o rebasan los cien años de edad. Entre los factores que el ciclista y escritor estadounidense menciona como detonadores de la longevidad están: comida casi vegetariana, actividad física moderada y constante, una comunidad o círculo de apoyo consistente, y un adecuado manejo del estrés.

Pero algo que yo noté —y que al parecer se le escapó a Buettner— es que ninguno de los centenarios entrevistados mostraba los tres hábitos modernos que roban la paz mental de los que quiero hablarte y que durante mucho tiempo nos han dicho que son buenos… pero la experiencia dice lo contrario. Examinemos cada uno de ellos, a ver si estás de acuerdo conmigo…

#1. Desear siempre más

En esta parte del siglo XXI, vivimos en una sociedad que nos ha entrenado a siempre desear más: ganar más dinero, producir más, ser más guapos… o más ricos, o más fuertes, o más delgados, o más populares; o bien, tener una casa más grande, un auto más poderoso o un celular más moderno. Socialmente, esta ambición es vista como algo positivo y se toma como un impulso que nos lleva al progreso o a la consecución de nuestros objetivos.

El problema radica, sin embargo, en que pronto se convierte en un callejón sin salida. Cuando deseamos siempre más, vivimos en un estado de perpetua insatisfacción con lo que somos, tenemos y podemos disfrutar, pues una vez instalado el mecanismo, cualquier logro que tengamos se verá eclipsado por la perspectiva de aquello que se encuentra en el peldaño siguiente, que cuando alcancemos de nuevo será poco para nuestras expectativas y así sucesivamente, hasta que expires tu último aliento y pienses: “Pude haber hecho más”. Se me ocurren pocas maneras más efectivas de comprarte tu propio infiernito…

Desear más
#2. Querer ser el mejor

Otra de los grandes aspiraciones humanas, que nada tiene de malo si nos motiva a realizar esfuerzos extraordinarios que nos lleven a logros trascendentes. Pero, si nos fijamos bien, “ser el mejor” implica tácitamente una competencia o una comparación con los demás, en la cual resultamos superiores o victoriosos; entonces, hablamos más de un ego que necesita ser alimentado y sostenido, que de una satisfacción profunda y genuina. Si es mal manejado, este hábito es particularmente pernicioso entre la gente que posee un talento extraordinario en las artes, los deportes o cualquier otra rama del quehacer humano. Fustigados con nociones que hemos oído mil veces, como “el éxito”, “la excelencia” o la “mejora continua”, a menudo estas personas son sometidas a privaciones, sacrificios, altas presiones y, en algunos casos, hasta vejaciones, con tal de conquistar la preciada medalla o el trofeo que los acredita como los mejores.

Pero a cada tanto oímos historias de bailarinas, gimnastas olímpicas o atletas que, tras haber ganado todas las medallas posibles, lamentan haber vivido encerrados y sin disfrutar realmente del tiempo en sus vidas. Nada hay de malo en esforzarse por mejorar una habilidad, por aumentar el propio rendimiento en una actividad o por tener mejores resultados en un hobby; pero no hay que confundir esta idea con la excesiva autoexigencia, pues, ¿realmente vale la pena apostar nuestro tiempo de vida y nuestra valía personal con tal de obtener el reconocimiento externo? Piénsalo…

Ser mejor
#3. Obsesionarte contigo mism@

Este es, quizás, el hábito más difícil de detectar, pues por un lado a todos nos resulta normal preocuparnos por nuestra salud y nuestro bienestar, y por el otro, a menudo se le toma por amor propio o autoestima. Pero no me refiero a eso, sino a las personas que todos los días se miran al espejo buscando canas, arrugas, manchas u otro signo de envejecimiento; a aquellos que constantemente están percibiendo los síntomas de su cuerpo con la fijación de encontrar una enfermedad oculta, o evaluando su aspecto en función de los cánones de belleza vigentes; o bien, a quienes se toman varias selfies al día en diversos contextos y las publican como si fueran influencers.

En otras palabras, hablo de los pensamientos circulares y obsesivos en los que nosotros mismos nos ponemos en el centro del universo y nuestros asuntos se convierten en los únicos temas que somos capaces de abordar. Recordando el mito de Narciso, sabemos que fue condenado a enamorarse de su propio reflejo en un estanque y que esa obsesión lo llevó a la muerte.

Esta pintura de John William Waterhouse ilustra la leyenda de forma por demás elocuente: obnubilado, Narciso no repara en la belleza de la musa Eco ni en la magnífica naturaleza que lo rodea, y solo tiene ojos para sí mismo. Creo que así nos vemos todos a veces, cuando en lugar de relacionarnos amablemente con el entorno y las personas que tenemos cerca, egoístamente mantenemos la atención en nosotros mismos, en nuestras necesidades y pensamientos, como Narciso contemplando su propio reflejo.

Obsesión contigo mismo

Desde hace más de dos mil quinientos años, la mitología y sus moralejas nos han enseñado dónde termina todo esto. ¿Qué esperas para cambiar uno de dichos hábitos y tener mayor paz mental?

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