LEGO: ¿cuáles son las piezas coleccionables más codiciadas?

LEGO: ¿cuáles son las piezas coleccionables más codiciadas?
Karina Licea

Karina Licea

Todo comenzó en 1932, cuando un carpintero danés llamado Ole Kirk Kristiansen decidió que la madera podía dar forma a los sueños en medio de la escasez. Así, tras la invención del ladrillo de plástico en 1949, lo que nació como un humilde taller de juguetes se transformó en un imperio y el sistema de unión perfecta de las piezas de LEGO se convirtió en la base de una adicción que hoy mueve millones de dólares en el mercado mundial.

Sin embargo, muchas de estas pequeñas piezas de plástico han dejado de ser juguetes para convertirse en fetiches de colección que trascienden la simple diversión infantil. Hoy daremos un paseo por este pequeño santuario imaginario de ambiciones moldeadas, donde el aire pesa más que la conciencia. Camina conmigo por este pasillo en penumbras en el que cada vitrina resguarda una pieza cuyo precio seguramente no te atreverías a pagar…

Los pequeños ladrillos de LEGO
Pequeñas fortunas hechas de plástico

Seguramente crees que esto es un simple juego narrativo, pero no es así. Durante décadas, gente ambiciosa y con visión ha recolectado algunas de las reliquias que estoy por revelarte, a sabiendas de que el deseo es una cadena invisible. En este recorrido virtual —además de conocer a personas que necesitan poseer lo que nadie más tiene—, sabrás de la pureza del ABS, que en el mundo del coleccionismo son las siglas del acrilonitrilo butadieno estireno, el material que reemplazó a la madera en la fabricación de juguetes.

Como primer artefacto, podemos ver una figura de madera tallada que data de la década de 1930, apodada “Paciente Cero”. Se trata de un pato que milagrosamente sobrevivió a los incendios en la fábrica de Billund, Dinamarca. Antes de que el petróleo nos diera el plástico, estos juguetes se moldeaban con el sudor de los artesanos; es por eso que esta pieza es tan codiciada, pues es el único resto que se conserva de la época cuando la imperfección humana aún tenía lugar. Además, para muchos coleccionistas es la prueba viviente de cómo una de las empresas más exitosas del mundo resurgió de las ruinas de su propio desastre.

El "Paciente Cero"

Siguiendo con nuestro recorrido, nos encontramos con el brillo de un ladrillo forjado por las manos de un joyero. Se trata de un bloque de LEGO de oro sólido de 14K, uno de los premios a los colaboradores por veinticinco años de trabajo y lealtad a la marca. Es bien sabido que LEGO los mandaba fabricar especialmente para sus empleados con más antigüedad y para socios de negocios muy especiales. Este ladrillo es el punto exacto donde el entretenimiento infantil se funde con la cruda avaricia de los adultos, ya que pocos se atreverían a admitir que lo desean más por su peso en oro que por su capacidad de encajar en un set. Representa además la culminación de una vida entregada a una idea que, al final, te devuelve una joya fría.

Prosiguiendo nuestro tour, nos detenemos ante un monolito de cartón y plástico: se trata de la primera edición del Halcón Milenario, el Santo Grial de más de cinco mil piezas que descansa intacto en su empaque original. Más que deslumbrarse por la increíble cantidad de piezas que lo conforman, los coleccionistas empedernidos se deleitan pensando en poseerlo… para jamás abrirlo ni jugar con él: la forma más sofisticada de tortura que a alguien se le puede imaginar.

El "Halcón Milenario" de Star Wars

Nos encontramos ahora en la sección donde habitan seres sin rostro: los fantasmas que nunca debieron escapar de la cadena de montaje. Estas minifiguras de prototipo poseen colores imposibles y acabados que la ley de la producción masiva habría considerado heréticos. Son errores divinos, criaturas nacidas de pruebas de inyección fallidas que un empleado decidió salvar de la trituradora industrial. Cuando vemos sus cuerpos traslúcidos, entendemos que su deformidad es lo que los hace fascinantes; pero el que carezcan de identidad impresa es justo lo que les otorga un atributo de exclusividad… que las figuras comerciales jamás podrán emular.

Ahora contemplamos al cazarrecompensas más caro del mundo, atrapado en un cuerpo de apenas cuatro centímetros de altura. Este Boba Fett de la Ciudad de las Nubes —de la saga de Star Wars— ostenta marcas de impresión en las piernas que, en el mercado negro, valen más que la vida de un hombre común. Se dice que este pequeño juguete aparece únicamente en el set exclusivo 10123 en su versión de 2003. La búsqueda por obtener esta pieza ha llevado a muchos coleccionistas al borde de la quiebra. Un simple detalle de pintura o una línea que no debería estar ahí, separan a un juguete de convertirse en reliquia sagrada.

Ahora vemos piezas con errores de molde únicos. Para el empleado común de LEGO, eran monstruosidades del ABS nacidas de una temperatura que desafió las reglas del fabricante o de una presión incorrecta; pero, para el coleccionista, esa deformidad convierte a las piezas en objetos singulares que desafían la idea de simetría perfecta que la marca presume. Ante el ojo inexperto son basura, pero el ojo educado ve en ellas una prueba de que el caos y el azar también son coleccionables. Sin duda, hay belleza en el horror de la ingeniería.

Antes de terminar este recorrido, hay que pasar por el pasillo donde se encuentra una figura de George Lucas que muy pocos han visto en persona. Esta minifig es una edición tan limitada que su misma existencia se debate en foros de la Deep Web. Con su barba canosa y su claqueta de plástico —símbolos que dieron forma a los sueños infantiles de millones de fans de Star Wars—, esta pieza es una rareza que solo unos cuanto elegidos podrían poseer tras años de búsqueda y transacciones clandestinas.

Figura de George Lucas de LEGO

(Instagram Minisuperheroestoday)

Ya para terminar, vemos una pieza considerada el trofeo sagrado del famoso “Inside Tour” de la sede central de LEGO en Dinamarca. Se trata de un simple molde en plástico negro que solo se obtiene mediante una peregrinación a la fábrica… y el pago de una considerable cuota en efectivo. Muchos han intentado obtener este certificado de que has caminado por los pasillos prohibidos de la invención, pero solo un puñado de elegidos regresa con la caja numerada que certifica su estatus superior. Más que un juguete, es un pasaporte a un club privado donde el aire huele a moldes nuevos.

Hemos llegado al final de nuestro recorrido imaginario, pero tu viaje hacia la obsesión apenas comienza. Tras ver estas reliquias, tal vez el mundo exterior te parezca vulgar e insípido; y si eres fan de LEGO, quizás a partir de ahora los sets comunes de las tiendas te resultarán imitaciones baratas de la grandeza que has presenciado, y ya no podrás mirar un ladrillo de plástico sin preguntarte qué secretos —o qué precio— se ocultan detrás su material. Al final, la verdadera condena del coleccionista es el horror de poseer la perfección absoluta y saber que no podrá disfrutarla.

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