
Como profesional de las industrias creativas durante treinta años, he presenciado el boom de diversas herramientas tecnológicas: desde los primeros ordenadores Mac, pasando por softwares de diseño y retoque fotográfico como Photoshop —así como los bancos de imágenes y gráficos gratuitos—, hasta las aplicaciones de IA generativa que hoy causan dosis iguales de asombro y de preocupación. Y aunque no soy un early adopter,[1] en todo este tiempo he visto una constante: toda vez que se supera la ola del “efecto wow”,[2] es posible explorar las verdaderas capacidades creativas de cada una en un contexto real; es decir, en productos destinados a la difusión o producción masivas.
En otras palabras, no es lo mismo usar ChatGPT o Midjourney para publicar los resultados en tu social media o en tus estados de WhatsApp, que hacerlo con fines de impresión, para generar una campaña publicitaria o como auxiliar en tus procesos creativos. Y de eso va este artículo: de pasar del “mira lo que hace la IA” al “veamos cómo la IA ayuda a potenciar mi creatividad”; la clave, hasta donde he podido ver, está en dejar de tratar a la inteligencia artificial como una herramienta y empezarla a usarla como si fuera un compañero de trabajo.

Qué no hacer con la IA
Antes de seguir debo aclararte algo: usar un prompt para generar un cuadro apocalíptico del barrio donde vives o una imagen tuya abrazando a Michael Jackson en la cima del Everest, no es creatividad; tampoco es hacer que dibuje, pinte o escriba algo que tú eres incapaz de crear. Al caer en esa tendencia común, estás permitiendo que la IA piense por ti y eso poco a poco atrofia tu inteligencia creativa. Su verdadero valor no está en el resultado, sino en las decisiones que tomas al iterar; es decir, cuando no te quedas con la primera salida —que por lo regular es mediocre—, le das feedback y vas afinando una y otra vez la instrucción hasta que obtengas algo con lo que tú puedes trabajar.
En un video de YouTube, Jeremy Utley —quien es profesor en la Universidad de Stanford— propone cambiar el enfoque en dos sentidos: uno, dejar atrás el rol de “yo hago preguntas, la IA responde” por uno en que le preguntemos a un Large Language Model como Claude qué preguntas necesita hacerme para entender mi problema; el segundo es aún más retador: en lugar de buscar inspiración en la ventana de un chatbot, pregúntate qué inspiración estás llevando tú al LLM.
Entonces, más que usarla para obtener resultados fáciles, la idea es que te ayude a pensar de forma distinta. Así, algunos de los errores que se deben evitar al usar cualquier IA para auxiliar o potenciar tu creatividad son:
- Usarla como atajo: o sea, pretender ahorrarte tiempo y trabajo; eso hará que solo obtengas resultados genéricos —que, por cierto, los especialistas ya “olemos” a kilómetros de distancia.
- No dar contexto: para obtener resultados a la medida debes proporcionar toda la información que tengas, un enfoque, un marco de referencia, ejemplos y poner límites.
- Quedarse con la primera respuesta: a eso me refería párrafo arriba con iterar; o sea, hay que generar, evaluar, refinar, restringir, ampliar, regenerar, desarrollar y sintetizar para tener resultados sobresalientes. Un poco como lo harías en un brainstorming con creativos humanos: ve siempre un paso más adelante, pregúntate “qué pasaría si…” y dale la vuelta a la mesa para ver desde distintas perspectivas.
- Delegar tu criterio: hay que entender que la IA es solo una tecnología que trabaja con probabilidades a partir de distintas fuentes en línea, de modo que ni lo sabe todo, ni tiene intención, ni mucho menos piensa o elige por ti. Recuerda lo que dije: no es tu sustituta, sino tu compañera de trabajo.

Qué sí hacer con la IA
Queda claro, entonces, que el enfoque no es que la IA haga el trabajo por nosotros, sino que amplifique nuestras decisiones, incluya nuevas variables en la ecuación creativa, actúe como interlocutor o contraparte, critique o halle fallas desde distintos roles —editor, cliente, lector escéptico—, reúna tópicos y auxilie de forma específica en las distintas fases de tu proceso creativo.
En resumen, para que los resultados no “huelan a IA” debes alimentar el LLM con tu bagaje, tu criterio de selección, tus referencias y tus decisiones. Y lo mejor de todo: como la IA no tiene sentimientos, puedes ser tan directo y despiadado como quieras en tu retroalimentación, y nunca se dará por ofendida… ni te acusará de maltrato laboral. Veamos ahora algunas de las maneras en que una IA puede ayudarte a potenciar tu creatividad sin sustituirla:
- Generación de variantes. A todos nos sucede que, por efecto de la inercia o luego de trabajar mucho tiempo en el mismo proyecto o producto, caemos en los mismos temas, el mismo tono, las mismas soluciones o el mismo look & feel; entonces, introduce un prompt que te obligue a salir de tu zona de confort creativa e integre un cierto número de variantes que no estaban en tu radar, y luego retrabaja las que consideres mejores.
- Lluvias de ideas. Si, como yo, trabajas solo la mayor parte del tiempo, resulta útil pedirle a la IA que asuma el papel de un socio o compañero, e interactúe contigo generando ideas descabelladas en un brainstorming, aplicando el reverse thinking —es decir, mirando el asunto desde el final o tratando de empeorarlo en lugar de mejorarlo, lo que da pie a soluciones novedosas— o, incluso, que aborde el tema usando los seis sombreros para pensar de Edward De Bono. Las posibilidades son innumerables.
- Análisis y síntesis. Si tienes que procesar mucha información, aprovecha la capacidad de procesamiento de datos para analizarla desde distintas perspectivas y generar síntesis; eso sí: como dije líneas arriba, evita la tentación de darlos por buenos y siempre coteja contra tus originales.
- Simulación de lectores/clientes/usuarios. En el ámbito del desarrollo de software y la programación con código, algunas IA proveen entornos de pruebas y simulan la interacción de un usuario —o de cientos de usuarios— hasta detectar en qué punto “se quiebra” el sistema; de modo similar, puedes pedirle que actúe como un lector promedio, uno muy crítico o un cliente, y poner a prueba lo que escribiste, diseñaste o produjiste.
- Refinamiento por fases. A lo largo de tu proceso, dependiendo de en qué fase te encuentres, puedes solicitar que brinde alternativas, sugiera distintas estructuras, contraargumente o señale lagunas y repeticiones, para que detectes tus vicios y áreas de oportunidad.

En síntesis, para que la IA no sustituya tu creatividad, evita delegar tu planteamiento del problema, tu criterio de evaluación y tu refinamiento final del resultado. Desde mi experiencia, las IA son como los procesadores de alimentos: te ayudan a licuar verduras, picar los ingredientes en julianas o dejarlos en cubos perfectos, y hasta te ofrecerán cocinarlos por ti; pero de ahí a que inventen recetas o reemplacen la sazón que una mano experta ha obtenido luego de años frente a la estufa… aún hay mucho trecho.
[1] Término mercadológico que designa a quienes adoptan innovaciones tecnológicas —gadgets, software o apps— en cuanto están disponibles para el consumidor.
[2] Momento en que un producto sorprende y frascina al cliente, convirtiéndose en una experiencia emocional.



