
“El cosmos es todo lo que es, todo lo que fue, todo lo que será. Contemplar el cosmos nos emociona, hay un temblor en nuestros miembros, la voz se nos quiebra, hay una vaga sensación como un recuerdo lejano de desplome desde una gran altura. Sabemos que nos acercamos al más grandioso de los misterios…”. Con estas poéticas palabras —que muchos oímos dobladas al español de México— iniciaba Carl Sagan su serie Cosmos: un viaje personal, y yo no pude pensar en una mejor introducción al tema que abordaré esta vez, sin duda uno de los más grandes misterios de la historia: a todo esto, ¿de qué tamaño es el universo, también conocido como el cosmos?
Veamos lo que nos dice la ciencia hasta hoy…

The observable universe (Wikipedia, NASA, Pablo Carlos Budassi).
Esta ilustración que ves —y que, casi metafóricamente, uno podría pensar que es un ojo humano— representa lo que los científicos llaman “universo observable”. Como podrás notar, parece llevar al extremo el modelo heliocéntrico de Copérnico al colocar a nuestro Sol en el mismísimo centro del cosmos… pero la clave está en la palabra observable. Aclaremos este asunto de una vez.
En su website, la NASA explica que, suponiendo que nuestros ojos pudieran detectar todos los tipos de radiación, todo lo que podríamos ver en este instante constituye el universo observable y que, en cuanto a la luz, lo más lejano que podemos percibir proviene del fondo cósmico de microondas, una señal que se remonta a hace 13 800 millones de años, cuando el universo era opaco como una niebla espesa. Entonces, la imagen ilustra el universo observable a una escala cada vez más comprimida, con el Sol y la Tierra en el centro, rodeados por nuestro sistema solar, estrellas y galaxias cercanas, galaxias lejanas, filamentos de materia primordial y el fondo cósmico de microondas. Si deseas ver la imagen en alta resolución y con leyendas en inglés legibles, haz clic aquí.
En otras palabras, es lo que podemos percibir con los instrumentos disponibles a partir de nuestro punto de observación: la Tierra. Por eso estamos en el centro. Otro modelo del universo observable presenta una esfera en cuyo centro se halla la Tierra y demarca el límite del cosmos observable.

Según se puede leer en este gráfico, el diámetro de la esfera que circunscribe el universo observable es de 93 000 millones de años luz. Recordemos que un año luz es la distancia que la luz recorre en un año terrestre, desplazándose a una velocidad aproximada de 300 000 kilómetros por segundo; al multiplicar dicha distancia por el número de años transcurrido desde el Big Bang, llegamos a esta cifra fabulosa. Sería fácil caer en la tentación de decir que ese es el tamaño del universo.
Pero el término observable no se refiere a la capacidad de nuestra tecnología para detectar luz u otra información proveniente de un objeto, ni a si existe algo que pueda detectarse; como ya vimos, hace referencia al límite físico impuesto por la propia velocidad de la luz. Los objetos que emiten luz, pero se encuentran tan alejados que dicha luz aún no ha llegado a la Tierra, se sitúan más allá del horizonte de partículas, fuera del universo observable. Por eso, los cosmólogos asumen que nuestro universo observable es solo la parte más próxima de una entidad mayor conocida simplemente como “el universo”, donde teóricamente regirían las mismas leyes físicas.
Entonces, ese “otro universo”, el completo, ¿cuánto mide? Una teoría plantea que, si el cosmos se expandió a la velocidad de la luz durante su fase inflacionaria inicial, debería ser 100 mil trillones (1023) de veces mayor que el universo observable. No alcanzan los dedos para hacer la multiplicación. Otros investigadores determinaron un modelo más probable donde el universo es al menos 250 veces mayor que el universo observable o puede alcanzar hasta 7 billones de años luz de diámetro. Pero, en última instancia, la ciencia no dispone de una estimación fiable del tamaño real de todo el universo.

Entonces, más allá del horizonte de eventos del universo observable, no podemos más que especular. Algunas líneas de razonamiento sostienen que nuestro universo puede tener forma abierta, cerrada o incluso plana —es decir, sin curvatura desde el punto de vista euclidiano—; o bien, que forma parte de un multiverso en el que podrían aplicar leyes físicas distintas, operar dimensiones superiores o existir versiones alternativas de nuestro universo que difieren ligeramente debido al azar.
A eso se refería nuestro amigo Carl Sagan, creo, cuando hablaba de “una vaga sensación como un recuerdo lejano de desplome desde una gran altura”, si imaginamos las dos posibilidades que se abren ante nuestras mentes: que el universo sea infinito, una noción que sospechamos, pero jamás entenderemos cabalmente; o bien, que sea finito, lo cual hace surgir una nueva interrogante aún más inquietante… ¿qué hay más allá? ¿Tú qué piensas?



