
Tomando en cuenta la incidencia de los trastornos del sueño en la población adulta actual, este humilde sombrerero supone que algunas de las playlists más socorridas en los servicios de streaming son las que, supuestamente, promueven un sueño profundo y reparador. Y de entre ellas, algunas se distinguen por incorporar etiquetas como pink noise, brown noise, green noise y otros “ruidos de colores” que nos llevan sin escalas a los brazos de Morfeo. Pero ¿estas frecuencias realmente combaten el insomnio y nos ayudan a dormir?
En el pasado, ya hemos desmontado embustes sobre terapias musicales como el “efecto Mozart” que se popularizó en la década del 2000 y prometía producir niños genios tan solo con ponerles la música del genio de Salzburgo. En esta ocasión, revisaremos las explicaciones y definiciones que ofrecen distintos medios y, también, la opinión de la ciencia al respecto de esta “ruidoterapia cromática”.

¿Qué son los ruidos de colores?
Según un artículo publicado en el blog de la empresa australiana de auxiliares auditivos Earjobs, los ruidos de colores reciben su nombre según su distribución de frecuencias —que se mide en hercios o Hertz (Hz) y megahertz (MHz)— y la forma en que la energía se reparte a lo largo del espectro sonoro. Cada color sonoro, que tiene correspondencia con el mismo color en el espectro de la luz visible, posee propiedades acústicas distintivas que influyen en nuestra percepción del sonido. Para quienes sostienen que estas frecuencias sonoras tienen propiedades terapéuticas, cada color cuenta con particularidades y usos específicos:
Ruido blanco (white noise): contiene la misma cantidad de energía en todas las frecuencias, lo que genera un sonido constante, similar a la estática, el zumbido de un ventilador o la estática de un televisor; habitualmente se usa para disimular el ruido ambiental, favorecer el sueño y mejorar la concentración en entornos ruidosos.

Ruido rosa (pink noise): Similar al ruido blanco, pero con mayor énfasis en las frecuencias bajas, lo que crea un sonido más profundo y equilibrado. Está presente en la naturaleza —como en la lluvia constante, el susurro de las hojas o el viento— y suele emplearse para fomentar la relajación y el sueño.
Ruido café (brown noise): es aún más profundo que el rosa, enfatiza las frecuencias bajas y posee una cualidad más rica y relajante. Suena como una tormenta lejana o una cascada caudalosa, y por lo común se emplea para conciliar el sueño y lograr una relajación o una concentración profundas.
Ruido verde (green noise): un tipo de ruido cromático menos conocido, que enfatiza las frecuencias de rango medio y recuerda a sonidos naturales como las olas del mar, las cascadas o las brisas suaves. También se usa para fomentar la relajación y el alivio del estrés. Según la documentación consultada, es una excelente opción para quienes buscan desconectarse tras una larga jornada o meditar en un entorno tranquilo.
¡Vaya! Y yo que pensaba que cada color obedecía al entorno natural en que había sido registrado: el ruido verde en un bosque tropical, el café en una superficie de tierra, el azul —porque también existe— en el mar o en el Ártico, y así los demás. Pero no, el asunto tiene más relación con la equivalencia entre las frecuencias sonoras y las ondas… aunque, honestamente, toda esta diatriba aún suena un poco a charlatanería new age. ¿Qué dice la ciencia al respecto?

Investigadores de la Universidad de Berlekey han demostrado que la estimulación a través del ruido rosa favorece las ondas cerebrales que corresponden al sueño profundo. Es como si el cerebro quisiera “cantar a tono” con la frecuencia que escucha, lo que produce una relajación más profunda; además, el zumbido constante enmascara o atenúa los ruidos repentinos en el entorno que podrían despertar al durmiente.
Por otro lado, en un estudio publicado en la revista médica Noise & Health, veintidós trabajadores fueron expuestos a entornos sonoros de silencio y de ruidos rojo, rosa y blanco. Tras el experimento, se registraron la velocidad psicomotora, el rendimiento continuo, la función ejecutiva y la memoria de trabajo, además de la calidad del sueño. Los resultados fueron los siguientes:
- En la prueba de velocidad psicomotora, los ruidos rojo, rosa y blanco arrojaron resultados significativamente positivos en comparación con el entorno silencioso.
- En la prueba de rendimiento continuo, el ruido rosa fue el único que produjo un resultado significativamente positivo.
- Los ruidos rojo, rosa y blanco condujeron a un mejor desempeño en la prueba de función ejecutiva.
- Los ruidos rojo y rosa mostraron una mejora significativamente positiva, en comparación con el entorno silencioso, en la prueba de memoria de trabajo.
- Los ruidos rojo y rosa favorecieron un mejor juicio y una mejor ejecución, así como una percepción más positiva del entorno general.
- Por último, se demostró que el ruido rosa constante tiene un efecto significativo en la reducción de la complejidad de las ondas cerebrales y en la inducción de un sueño más estable, mejorando así la calidad del sueño de los individuos.

Entonces, en efecto, estos ruidos cromáticos pueden aprovecharse para conciliar o mantener el sueño y, también, para favorecer la productividad y un mejor estado de ánimo en nuestras jornadas diarias. Así las cosas, pondré en práctica lo aprendido esta misma noche; solo espero que el pink noise sea el remedio que he estado buscando contra la vigilia involuntaria de las tres de la mañana. Ya les contaré…



