El artista como emprendedor: la relación entre el arte y el dinero

El artista como emprendedor: la relación entre el arte y el dinero
Karina Licea

Karina Licea

Desde hace tiempo, la línea que separa un taller de escritura y uno de emprendimiento se está desvaneciendo. La idea romántica del artista solitario y bohemio que vive en una buhardilla está pasando de moda; ahora, lo que funciona es el “agente cultural”. Para mí, este cambio no equivale a venderse al sistema sino a evolucionar, pues hoy las instituciones que ofrecen becas buscan creadores capaces de organizar sus proyectos de forma profesional. Así, cuando un artista sabe de negocios, incluso sus ideas más arriesgadas terminan consiguiendo un financiamiento real.

Artistas que actualmente gozan de renombre como Dahlia de la Cerda, Fabián Cháirez o Gabriel Orozco, despegaron sus carreras gracias a becas y concursos. Pero ojo: no basta con tener una buena idea para acceder a los financiamientos; también hay que saber estructurarla, presentarla bien y saber venderla. Por eso las finanzas son un nuevo estándar en el arte posmoderno y si quieres que tu proyecto despegue, tienes que hablar el lenguaje del dinero.

"La anunciación", de Fabián Cháirez

Para mí, entender la economía del arte fue un reto que cambió mi forma de ver la crítica artística. El arte contemporáneo tiene que ser económicamente sostenible, pues de lo contrario desaparece y, con él, también desaparece el artista. Entonces, además de ser buenos pintores, compositores, coreógrafos o artistas conceptuales, también hay que saber administración básica y cómo gestionar un proyecto.

Esto puede llevar a preguntarnos: entonces, ¿todo el arte es mercancía? O, siendo más específicos: mi obra, ¿se podrá vender? Mi opinión es que toda obra artística tiene su público y que, aunque hay obras que técnicamente podrían calificarse de “malas”, siempre habrá un interesado en comprarlas. Así que, en ese sentido, toda obra de arte puede ser una mercancía; por eso, es mejor tomar al presupuesto y a la contabilidad como el “esqueleto” de tu creatividad más que como una carga.

A los que artistas que empiezan, les recomiendo cuidar su presupuesto tanto como cuidan su técnica. Separar el dinero de tus gastos personales de lo que usas para crear podrá salvar tu carrera y, a largo plazo, tu sustento diario. Además, he comprobado que tener las cuentas claras te quita un peso de encima y deja espacio mental para lo que realmente importa: experimentar y crear.

Cuidar el presupuesto

Un proyecto bien planteado siempre debe incluir una hoja de costos: esto demuestra que eres responsable. En mis años revisando proyectos, me he dado cuenta de que la precisión en los números suele ser el factor decisivo para que te den el ansiado “sí”. Si eres artista hoy en día, tienes que ser tu propio manager y saber moverte en el mundo de las instituciones; por eso me emociona cuando veo cómo escribir un proyecto ayuda al artista a entender mejor su propia obra.

Vender una obra es un acto de comunicación que cierra el ciclo iniciado por la pulsión creativa. No obstante, al parecer en el mundo de la cultura aún da pena hablar de dinero… pero es necesario. El mercado del arte se basa en la confianza y en una buena historia, pues cuando alguien te compra una pieza está conectando con tu discurso. En lo personal, creo que un artista que sabe vender protege su futuro y su independencia; pero ponerle precio a tu obra depende de tu trayectoria y del mercado. Muchos artistas con talento se estancan por no saber valorarse; en cambio, un precio correcto te posiciona y un coleccionista te respetará mucho más si sabes cuánto cuesta su trabajo.

Por otro lado, el contrato es la herramienta jurídica que asegura que la relación entre el artista y el intermediario sea justa. En el mundo de hoy, ser ético significa proteger tu propiedad intelectual: he visto casos tristes en los que, por no firmar un papel, el artista pierde sus derechos. Un buen acuerdo deja claro cuánto ganará el artista, quién pagará el seguro de la obra, dónde y cuánto tiempo estará expuesta. Así, un profesional lee todas las letras chiquitas, no por desconfianza sino por derecho. Si entendemos el marco legal, cambiamos la vulnerabilidad del artista por una postura de poder y respeto frente al mercado. Al final del día, la formalidad contractual es el escudo que permite que la libertad creativa florezca sin el temor al abuso o al plagio.

Las ferias de arte son la oportunidad de oro para los más jóvenes. Ahí, la capacidad de hablar de forma convincente y de comunicar tu visión es tan importante como la calidad de tu obra, y convierte a un espectador en un aliado para tu carrera profesional. Los contactos que haces en una inauguración pueden ser el inicio de grandes colaboraciones. Por eso, el networking no es ir a eventos a perder el tiempo, sino buscar gente afín a tus ideas; en otras palabras, tu red de contactos te da información esencial para no quedarte fuera del juego y funciona como un sistema de soporte que amplifica el alcance de tu talento hacia mercados antes inaccesibles.

Muestra pictórica

Ahora bien, tener una identidad pública clara te ayuda a entrar en la conversación global. Muchos creen que la “marca personal” es solo vanidad, pero en realidad se trata de ser coherente y visible; lo que hace que perdure es que seas honesto sobre cómo creas tus obras. Gracias a las redes sociales, tú tienes el control de tu propia historia sin que nadie te filtre, además de que un perfil de Instagram o una web bien cuidada es una excelente carta de presentación para que un curador te voltee a ver. Así, tu marca es la promesa de tu visión artística, la cual proyectas al mundo.

Respecto al concepto de “economía naranja”[1], éste reconoce que el talento creativo genera riqueza y desarrollo; en otras palabras, que en la industria artística y cultural los artistas mueven el mundo a través de ideas y símbolos; me esperanza ver que los gobiernos por fin están tomando la cultura en serio para la innovación. Y es que los datos no mienten: las sociedades con fuerte actividad cultural son más resistentes a las crisis. Un ejemplo es la iniciativa “Ciudad Creativa Digital”, un programa jalisciense donde la animación, el diseño de videojuegos, la producción audiovisual y la música dejan de ser pasatiempos para convertirse en aportaciones económicas para el estado —y, por ende, para la ciudadanía.

Artista en su estudio

El arte es un pilar del mundo actual y, como tal, debe perder el miedo a su aspecto empresarial, que lejos de “arruinar” la obra artística, la resignifica. El artista como emprendedor es aquel que toma el control de su quehacer, le da orden y encuentra el equilibrio entre la creación y su cuenta de banco. Ser creativo y saber administrar pueden, y deben ir, de la mano; esta nueva mentalidad nos ayudará a construir un futuro con más presupuesto para todos los creadores.

Y tú, ¿estás listo para dejar de ser solo creador y convertirte en el director, promotor y manager de tu obra?

Cierre artículo

[1] Según el Banco Santander, la economía naranja “es un modelo productivo en el que los bienes y servicios que se comercializan tienen un valor intelectual, debido a que surgen de las ideas y del conocimiento de sus creadores. Explicado de otra forma, son todas las actividades económicas relacionadas con el arte, la cultura, investigación, ciencia, tecnología, entre otras, en las que la creatividad es la principal característica. Por ello, también es conocida como economía creativa”. [N. del E.]

Recibe noticias de este blog