¡El guacamayo azul no está extinto, Neiva lo salvó!

¡El guacamayo azul no está extinto, Neiva lo salvó!

Ana Pazos

Ana Pazos

Personas que inspiran

Jacinto vale oro. Este guacamayo azul vive en el corazón de Neiva Guedes y en el de muchos otros. ¿O ellos no tienen corazón? ¿Ellos quienes lo cazan, despluman y matan? Jacinto lucha contra ellos: vuela ágilmente para esquivar las flechas que aparecen en todas direcciones en El Pantanal de Brasil.

Esta ave tiene amigos que también vuelan en Bolivia y Paraguay. Sus plumas azules son tan preciadas que valen ¡hasta 15 mil dólares! ¿Qué otra cosa que no sea un animal en peligro de extinción podríamos comprar a tan alto precio?

Mientras nosotros pensamos en esa cifra, Neiva Guedes actúa. Ella lucha por los guacamayos azules desde la década de 1980, cuando fueron declarados una especie en peligro de extinción. Para preservarlos, la bióloga creó el Proyecto Guacamayo Azul en Mato Grosso do Sul, Brasil.

Cuando el programa inició, había poco más de mil quinientas aves. ¡Ahora hay más de 5 mil! Por eso, el guacamayo azul pasó de ser una especie en peligro de extinción a ser sólo una especie vulnerable. Aunque parece fácil, no es así: Neiva ha trabajado en este proyecto por más de treinta años.

Pero, ¿cómo lo hizo? Ella y otros expertos sensibilizaron a las comunidades cercanas sobre el valor y la importancia de que estas aves fueran sus amigas. Luego, recuperaron a los guacamayos azules y sus nidos, y los monitorearon: vieron qué hacían, a dónde iban, qué les gustaba y qué no. Al final, idearon actividades para preservarlos y cuidarlos; asimismo, les dijeron a las personas que, sin capturarlos, podían generar ingresos económicos.

Aunque todos quisiéramos ser héroes de un guacamayo azul, la cosa no está fácil. Neiva tiene experiencia. Es maestra en ciencias forestales y doctora en zoología. Además, es investigadora y profesora del máster en Medio Ambiente y Desarrollo Regional en la Universidad Uniderp, en Campo Grande.

Pero, aunque nosotros no tengamos el expertise de Neiva, algo sí podemos hacer: saludar al guacamayo azul y jamás hacerle daño

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