El papel de la música dentro de los mundos virtuales

El papel de la música dentro de los mundos virtuales
Karina Licea

Karina Licea

Tras presentarse en los festivales Lollapalooza y Coachella de este 2025, Fernando Hernández Flores, mejor conocido como El Malilla, se ha convertido en uno de los reguetoneros mexicanos más sobresalientes de la escena urbana. Su fama no es fortuita, pues en años recientes ha tenido hits mundiales tanto en solitario como en colaboraciones con El Bogueto, Jowell & Randy y J Balvin, por mencionar algunas estrellas del género. Y para sumar a sus éxitos, el pasado 26 de abril El Malilla dejó atónitos a sus fanáticos con un concierto en línea que ofreció dentro de Roblox, siendo el primer mexicano que incursiona en este formato.

Cartel de concierto de El Malilla en Roblox

Roblox es una plataforma de juegos en línea que, a la vez, funciona como red social, pues en ella los jugadores interactúan y se comunican a través de chats de texto o voz. Aunque el acceso a la mayoría de los juegos es gratuito, los usuarios usan una moneda virtual llamada Robux para comprar mejoras o personalizar sus avatares, que son la representación visual de cada jugador. Hoy por hoy, Roblox es una de las plataformas de entretenimiento digital más relevantes entre los jóvenes, pues tiene más de 50 millones de usuarios activos diariamente. Pero el “B de bellako”—otro seudónimo de Fernando, por su canción homónima— no es el único que ha utilizado Roblox para promocionar su carrera musical: otros artistas, como Twenty One Pilots, David Guetta, Elton John y el grupo de K-pop Twice también han llevado a cabo conciertos en esta plataforma.

Esto ejemplifica cómo los mundos virtuales y el streaming están impulsando una fusión entre la música y la virtualidad a través de este tipo de eventos que eliminan las barreras físicas y permiten a los artistas llegar a audiencias masivas sin importar la distancia. De igual forma, los usuarios socializan mediante sus avatares e incluso simulan la experiencia de un concierto en vivo: todo esto crea una nueva dimensión para la interacción social en torno a la música.

Un fenómeno similar ocurre con la plataforma de Fortnite, videojuego conocido por su modalidad de battle royale en el que todos los jugadores luchan entre sí en una isla y vence el último que queda en pie; la única diferencia es que durante los conciertos se puede disfrutar de la banda invitada sin necesidad de combatir. Los conciertos de Fortnite se volvieron populares durante la pandemia por Covid-19, cuando se abrió un espacio llamado Fortnite Festival en la plataforma. Dos ejemplos de estos recitales virtuales fueron Astronomical de Travis Scott y The Bing Bang de Eminem, que se caracterizaron por sus escenarios dinámicos y por sus elementos interactivos que modificaron la percepción del consumo de la música en vivo.

"The Bing Bang" de Eminem en Fortnite

Así vemos que, dentro del panorama digital contemporáneo, la música se expande dentro de los mundos virtuales y se convierte en un componente esencial de la interacción entre usuarios y artistas. Por un lado, la música dota de vida a los entornos inmersivos —ya sean juegos tranquilos como Rainy Vibes o estruendosos como Dans Karaoke, ambos disponibles en Roblox— y, por otro, las plataformas reconocen el poder de atracción que la música ejerce en los usuarios para mantenerlos activos más tiempo en la plataforma.

La música es una parte fundamental de la experiencia virtual y, en el ámbito de los videojuegos, tiene diferentes funciones: desde intensificar la acción en momentos cruciales y aumentar la adrenalina del jugador —como ocurre con Alien Isolation, disponible en la plataforma Steam— hasta ayudar en la exploración de estos mundos digitales, como en el videojuego de acción Grand Theft Auto, que integra distintas bandas sonoras en estaciones de radio virtuales, haciendo más auténtico el juego. Algunas de las canciones más famosas de este videojuego son “Gimme More” de Britney Spears, “Glamorous” de Fergie & Ludacris, “El Cocaíno” de Los Buitres de Culiacán Sinaloa y “Rocky Mountain Way” de Joe Walsh. Esta integración de la música en los videojuegos demuestra su evolución como componente interactivo.

Fuera de las grandes actuaciones, los mundos virtuales abren nuevas posibilidades para la creación y el aprendizaje musical. Por ejemplo, desde hace años se puede participar en talleres o clases de música impartidas en espacios digitales donde es posible aprender a tocar instrumentos, tales como Yousician, plataforma en la aprendes a cantar o a tocar la guitarra, el bajo y el ukulele; Flowkey, en la que se brindan clases de piano; o Spotify Island, donde compones piezas instrumentales o ritmos de Soundtrap. Todos estos espacios fomentan la exploración musical lúdica y el aprendizaje.

Lección de guitarra en Yousician

A pesar de lo anterior, esta integración entre la música y los mundos virtuales plantea algunos desafíos y debates. Uno de ellos es el dilema de los derechos de autor y la propiedad intelectual, pues determinar la titularidad de una obra musical creada en un entorno virtual se torna complejo; también está la cuestión de la piratería y el uso no autorizado de material protegido que suele encontrarse en juegos de Roblox y otras plataformas; por último, existe una discusión sobre la monetización para los creadores de música en el metaverso, pues queda claro que los conciertos virtuales generan ingresos y patrocinios, pero la distribución de estas ganancias no suele ser equitativa entre los artistas y las plataformas.

Por su capacidad transformadora, la música tiene un rol cada vez más importante dentro de los mundos virtuales, pues construye atmósferas, plantea nuevas formas de relacionarse y permite vivir experiencias que hasta hace poco sólo se podían presenciar en forma presencial, al intervenir en espacios digitales sorteando barreras físicas, económicas y geográficas, y enriqueciendo la experiencia digital, al tiempo que fomenta nuevas formas de interacción cultural y artística. Al final, siempre se agradece tomar parte en una innovación, ya sea acudiendo a un concierto del Malilla o aprendiendo a tocar el ukulele.

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