Las dos caras del Mundial y el dilema ético del arte mexicano

Las dos caras del Mundial y el dilema ético del arte mexicano
Karina Licea

Karina Licea

En estos meses previos, el Mundial de Futbol activa algunas de las campañas de marketing más agresivas que existen y ciertas marcas se adueñan de cada rincón de los medios, las redes sociales, las calles y los espacios públicos. Desde la óptica de la creación literaria, esta justa internacional es como una gran historia que llega a las ciudades para cambiar todo a su paso… y yo no puedo evitar preguntarme qué papel juega el arte en un evento de esta naturaleza.

Cuando las luces del estadio se encienden es fácil ignorar lo que pasa en las calles, pues esta máquina de entretenimiento acapara toda la atención y oculta las historias que no se viralizan en stories de Instagram. Por eso, este año será el momento idóneo para que decidas si consumirás el espectáculo sin filtros y como un simple espectador, o si buscarás el subtexto de lo que estás viendo siendo consciente del entretenimiento que consumes y del espacio que habitas. Además, si eres artista tendrás dos formas de navegar a través del fenómeno: en la comodidad del spotlight o desde la crítica. Analicemos ejemplos de ambos casos.

Como escritora, me resulta muy claro cuando los artistas se limitan a decorar esta celebración o cuando cuestionan quién paga la cuenta. Por un lado, tenemos a los artistas visuales convocados por el gobierno de Zapopan, Jalisco, para intervenir balones de futbol hechos de cerámica que después serán subastados entre “aliados estratégicos”; tras la venta, los recursos obtenidos se destinarán a la realización de obras relacionadas con la Copa Mundial 2026. En total, veinte creadores se sumaron a esta iniciativa que da presencia al arte en el marketing global.

Cuando me enteré de esta noticia, pensé en estas piezas de cerámica como una metáfora del arte que solo pretende lucir bien en la oficina de un empresario. Si eres fanático del futbol, quizá pienses en ellas como productos de diseño exclusivo u objetos coleccionables que quisieras tener; pero, si somos más neutrales y objetivos, veremos que esta iniciativa es una jugada en la que el artista presta su prestigio a un evento masivo para que éste se vea más elegante.

Aunque la técnica artística de cada balón pueda ser digna de admiración, este tipo de proyectos funcionan con la lógica de una agencia de relaciones públicas, pues mientras disfrutas del acabado perfecto de unos esféricos, los problemas sociales quedan fuera de tu vista. En ocasiones, hace falta restarle perfección a una obra para que tenga ese pulso real de la creación humana que no está destinada a la vitrina corporativa ni ha pasado por procesos de curaduría; en otras palabras, es válido cuestionar si estas intervenciones tienen un impacto positivo para la gente o si solo sirven para decorar y aumentar la recordación de una marca.

En contraste, una historia diferente se cuenta en los bajopuentes del Estadio Azteca —hoy Estadio Banorte—, donde se jugarán cinco de los trece partidos programados en nuestro país. En estos enormes lienzos en blanco, otros creadores toman postura frente al espectáculo mundialista con un mensaje crudo y directo; uno de ellos es el artista urbano Vlocke Negro, quien emplea técnicas del grafiti y del muralismo para exponer lo que otras campañas prefieren callar, ya que mientras en Zapopan se decoran balones cerámicos, en la Ciudad de México artistas como él denuncian la crisis hídrica y la gentrificación que azotan a la capital.

En uno de los bajopuentes que conducen a la sede mundialista se lee: “No hay juego limpio en tierra despojada”. Esta consigna, apoyada por los vecinos de Santa Úrsula Coapa, acusa el despojo de agua que sufren quienes viven cerca del estadio y el aburguesamiento que está borrando la identidad de los barrios y poco a poco desplaza a sus habitantes. Con esta acción, Vlocke Negro usa el arte como denuncia y enfatiza la urgencia de un cambio sociopolítico en lugar de obtener prestigio gracias a una subasta organizada por una galería.

Al usar muros, bajopuentes y otros espacios públicos para ilustrar verdades incómodas sobre el acceso a la vivienda, el artista muestra una postura que choca con la imagen “limpia” de la FIFA. Vlocke Negro no requiere de presupuesto ni de una exposición pues, aunque el mural original fue borrado por la alcaldía, el mismo artista lo repuso con ayuda de los vecinos del barrio. Este caso nos recuerda al artista chino Ai Weiwei, quien usa su fama global para incomodar a los gobiernos que aman el espectáculo y lo convierten en un distractor social.

Estos casos demuestran que el arte puede ser una herramienta moral más allá de la fama y el marketing, o convertirse en una simple decoración que olvida la realidad de los problemas sociales. Del mismo modo, como espectadores corremos el riesgo de convertir una protesta en objeto de consumo, pues es más sencillo darle “Like” que usarla para cuestionarnos y realizar cambios. Todo el arte tiene una intención creativa, sin importar si está en un museo o en un callejón; pero, desde mi punto de vista, una buena obra también debería ayudarte a entender el mundo.

Paso peatonal subterráneo

En la actualidad, mucha gente con talento acepta el rol de decoradores de proyectos que dañan el tejido de nuestras ciudades. La línea entre el arte y su comercialización ha sido un debate ético desde hace décadas; pero, si bien no se puede escapar por completo del capitalismo, como consumidores y artistas merecemos experiencias profundas que trasciendan el simple estímulo visual. Un artista que busca el cambio no quiere tu aplauso: quiere sacarte de tu comodidad y de tu hastío.

La literatura me enseñó que una buena historia desafía el orden establecido y te hace pensar “fuera de la caja”; creo que esa misma regla debería aplicar al diseño y a las artes visuales frente a un monstruo como la FIFA. El mercado siempre intentará “comprar la rebeldía” para suavizarla y, entonces, revenderla en un empaque lindo o en un show de medio tiempo como el del Super Bowl; por eso es doloroso ver cómo el arte es reducido a decoración y bienvenida al turismo. Para defender el derecho a crear en espacios donde la ética sea más importante que las ganancias y la fama, muchas veces hay que renunciar a las galerías y a las fotos en primera plana.

Para mí, los balones de lujo subastados de Zapopan y las pintas ilícitas de CDMX son los polos opuestos de un país de contrastes en el que el lujo vive al lado de lo precario, y donde el estadio más moderno se alza junto a la queja urgente del acceso al agua.Estas dos posturas de nuestra escena creativa conviven en una constante tensión, mientras el mundo está distraído con el balón. Al final, el Mundial terminará dejando estadios vacíos y muchas facturas sociales por pagar… y aquí nos quedaremos también nosotros, preguntándonos si alguna obra de arte logró decirnos algo mientras todos coreaban un gol.

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