Edison, el espiritista —o de cómo un científico buscó hablar con los muertos—

Edison, el espiritista —o de cómo un científico buscó hablar con los muertos—

(FOTO: Underwood Archives / Getty Images)

Igor Übelgott

Igor Übelgott

Espiritualidad

En el año 1879, el llamado “Mago de Menlo Park” patentó una invención que, literalmente, ha iluminado al mundo durante ciento cuarenta años: la bombilla incandescente, a la cual en lenguaje corriente llamamos “foco”. Además de ella, Thomas Alva Edison patentó un sinfín de aparatos y dispositivos, muchos de ellos basados en el estudio y la manipulación de las corrientes eléctricas.

Edison tomó el conocimiento científico, intangible y etéreo, y a través de la experimentación y el arduo trabajo lo transformó en objetos y aplicaciones tecnológicas prácticas. Así, uno podría construirse una imagen de este genio como un hombre práctico, lógico y racional, y quizá por eso sea tan sorprendente que, entre su amplio abanico de inventos, haya intentado desarrollar uno que le permitiera comunicarse, no con personas que estaban en otra ciudad o del otro lado del mundo, sino con quienes ya dejaron el plano material.

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En octubre de 1933, la revista Modern Mechanix reportó que, alrededor del año 1920, Edison se reunió con un grupo de científicos en un laboratorio secreto para, a través de bocinas, generadores y otros equipos experimentales, intentar registrar las voces o la presencia de los muertos. El artículo describe un aparato con un potente haz de luz y un sistema para detectar hasta la más mínima partícula que diera pruebas de una presencia sobrenatural. [1

Como es de esperarse, este experimento —si es que en verdad sucedió— no rindió los frutos esperados; pero aun así existen pruebas suficientes para afirmar que Thomas Alva Edison llevó a cabo investigaciones y esfuerzos conscientes para lograr algún tipo de comunicación con los muertos.

Antes de juzgar equivocadamente este hecho, hay que aclarar dos circunstancias. En primer lugar, durante los albores del siglo XX la doctrina del espiritismo gozaba de gran popularidad e influencia en la sociedad occidental, [2]  de modo que era una creencia popular que podían existir medios para producir y registrar alguna manifestación de un espíritu o de algún tipo de esencia personal que sobrevivía a la muerte.

Por otro lado, para el inventor el asunto no involucraba aspectos del ocultismo, el misticismo, la intermediación de médiums o de cualquier otra actividad paranormal, sino partía de bases científicas estrictas: Edison creía que la vida era indestructible, que “nunca podría aumentarse o disminuirse” y que, al igual que nuestros cuerpos, nuestras personalidades tenían una expresión física formada por pequeñas “entidades” similares a nuestra visión actual de los átomos.

Edison teorizó que estas minúsculas entidades o partículas —que era lo que buscaba en su fallido experimento descrito líneas arriba— podrían existir después de que los humanos fallecieran: se trataría de una especie de residuo basado en la personalidad de recuerdos y pensamientos sueltos, la cual contendría parte de lo que una persona fue durante el curso de su vida.

En la década de 1920, Edison hizo a la revista American Magazine una declaración que sacudió al mundo científico: “He estado trabajando durante un tiempo en la construcción de un aparato para ver si es posible que las personalidades que han dejado esta Tierra se comuniquen con nosotros”.

Durante muchos años, los historiadores y biógrafos creyeron que dicha invención, o su anuncio, eran una especie de broma o de engaño, pues no pudieron encontrar planos o prototipos de teléfonos espirituales. Pero, en 2015, el periodista francés Philippe Baudouin encontró una versión del diario de Edison en una tienda de segunda mano en Francia, la cual incluía un capítulo que no llegó a la versión impresa. Este capítulo faltante se dedicaba enteramente al desarrollo de su teoría del mundo espiritual, y cómo podría ser posible contactarlo.

De acuerdo con estos escritos, si las partículas o entidades existían, éstas podrían reconfigurarse o reunirse en el éter que las rodea y quizá podrían ser amplificadas y registradas por un dispositivo, tal como la voz humana había sido amplificada y grabada por un fonógrafo.

No se sabe si Edison realmente construyó y probó uno de estos dispositivos. Algunas revistas publicaron bocetos del “teléfono espiritual” de Edison que mostraban partes similares a un fonógrafo, incluyendo una bocina acanalada que contiene un electrodo, y un micrófono que recogería las vibraciones de estas entidades debido a su extrema sensibilidad.

En poco tiempo, la idea científica de Edison se mezcló con los estudios y artículos ocultistas. El Literary Digest de 1921, por ejemplo, incluyó el “teléfono espiritual de Edison” en su lista de artículos sobre psicología, junto con temas como los sueños premonitorios, la lectura de la mente y la hipnosis. Edison, por su parte, siempre rechazó los métodos psíquicos de contacto con los espíritus, a los que llamó “crudos e infantiles”. Algunas personas —dijo en una entrevista con American Magazine— “se dejan hipnotizar, en cierto sentido, a pensar que sus imaginaciones son realidades”.

Tras la muerte de Edison en 1931, la prensa aprovechó para publicar supuestos estudios sobre este “teléfono espiritual”, los cuales no siempre estaban apegados a lo que el inventor había investigado en la realidad. En 1941, incluso, investigadores intentaron replicar el teléfono espiritual y llamar al espíritu del propio Edison, el cual creían que les había instruido que así lo hicieran. “Por desgracia, el artilugio no parecía transmitir con éxito ninguna unidad de vida”, escribió Stephan Palmié en la antología Spirited Things.

Hasta hoy, en ciertos círculos persiste la idea de que un dispositivo electrónico puede ser manipulado para amplificar o registrar la presencia o las manifestaciones de un espíritu incorpóreo vinculado a una persona que ha muerto. Actividades como la transcomunicación instrumental han sido ampliamente empleadas por investigadores paranormales, quienes creen que los espíritus pueden canalizar sus voces a través del “ruido blanco” o la estática electromagnética.

Quizá nunca sepamos si alguna esencia personal permanece después de la muerte física, pero siempre resultará interesante conocer y estudiar los esfuerzos de gente notable en esa búsqueda, que no es otra cosa sino un modo de indagar la trascendencia y alguna forma de inmortalidad dentro de nuestra pasajera y frágil esencia humana.

Cierre artículo

[1] Parte de la información de este texto se tomó de “Dial-a-Ghost on Thomas Edison’s Least Successful Invention: the Spirit Phone”, de Natalie Zarrelli, publicado en el website Atlas Obscura.

[2] Para saber más sobre el espiritismo, puedes consultar este artículo del mismo autor.

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