Manías y trastornos compulsivos, ¿cuál es la diferencia?

Manías y trastornos compulsivos, ¿cuál es la diferencia?

Alan Flores Soto

Alan Flores Soto

Miscelánea

Todos conocemos a una persona con manías y de seguro nosotros mismos tenemos algunas más. Descrita en palabras sencillas, una manía es una conducta exacerbada o una preocupación injustificada por un tema o circunstancia específicos. Si bien rara vez pasan de ser inofensivas peculiaridades de cada persona, cuando comienzan a afectar aspectos de la vida como el trabajo, la escuela, las relaciones o la salud pueden convertirse en compulsiones.

Las compulsiones se vinculan con pensamientos intrusivos, recurrentes y persistentes que producen inquietud, aprensión, temor o preocupación. Y quienes los sufren tratan de sobrellevarlos o alejarlos por medio de compulsiones. Este trastorno se llama trastorno obsesivo-compulsivo (TOC).

EL TOC se consideraba un trastorno de ansiedad pero, en 2013, la quinta edición del Manual de Trastornos Mentales de la Asociación Psiquiátrica de los Estados Unidos (DSM-5) lo consideró, junto con sus enfermedades relacionadas, como un trastorno independiente a los trastornos de ansiedad.

Fuera del ámbito académico y profesional, con frecuencia el TOC se toma como una especie de “manía exagerada”, y es un término con referencias en el cine, el teatro, la televisión y el habla cotidiana. Pero lo cierto es que existe mucha desinformación al respecto y hay quienes creen que cualquier persona con un hábito recurrente y peculiar padece este trastorno compulsivo.

La realidad es muy distinta, pues el TOC puede ser un mal incapacitante: la Organización Mundial de la Salud lo incluye entre las veinte enfermedades más discapacitantes y se ha demostrado que quienes lo sufren tienen una baja calidad de vida,​ pues esta condición es mental y físicamente agotadora.

Para conocer mejor este trastorno, así como visibilizar y comprender a quienes lo sufren, hay que empezar por saber las diferencias que existen entre el TOC y una manía, pues si bien es cierto que pueden parecerse, una delgada línea las separa. Veamos en qué se asemejan y en qué se distinguen.

Hablando de la primera, ¿quién podría decir que no tiene una manía? Pero hay que distinguir entre lo que los psicólogos llaman manía o episodio maniático —un estado de ánimo caracterizado por la exaltación o euforia, acompañado de un aumento de la autoestima, insomnio, hiperactividad, inquietud e implicación excesiva en actividades placenteras—, y la manía “común”, que es una inclinación irresistible y patológica hacia algo, o bien una costumbre o una preocupación injustificada y enfocada en un objeto o actividad determinada.

Cuando las manías se convierten en actos compulsivos, el sujeto padece TOC

Cuando las manías se convierten en actos compulsivos, el sujeto padece TOC: un impulso o necesidad de realizar algo repetidamente para reducir la ansiedad provocada por una obsesión, como lavarse las manos cada cinco minutos para contener el miedo patológico a la suciedad o los gérmenes.

Tras realizar el acto compulsivo, los pensamientos obsesivos desaparecen pero sólo temporalmente; cuando reaparecen —porque por algo son obsesivos—, vuelven a entrar en escena los actos compulsivos. En este ciclo de obsesiones y compulsiones se pierden tiempo y energías, se afecta el curso normal de la vida de quien las sufre y, con frecuencia, también de quienes lo rodean.

¿Cómo distinguir una de la otra?

Existen varios factores para diferenciar una manía de un TOC. Uno de ellos es el tiempo que toma el acto compulsivo: una manía no suele tardar demasiado, como cuando cada noche, antes de dormir, compruebas una y otra vez si las puertas están bien cerradas, lo cual podría quitarte unos cuantos minutos. En cambio, una persona con TOC pasará el día entero limpiando y ordenando cada rincón de su casa obsesivamente, en detrimento de sus demás actividades.

Por otro lado, una manía por lo regular no es tan imperiosa como para que el no realizarla sea motivo de ansiedad, lo cual sí sucede cuando se presenta el TOC, que se conforma por uno o varios rituales que, justo, se vuelven obsesivos y compulsivos, no dan cuartel a la mente y condicionan las actividades del día a día.

Las personas que padecen TOC muchas veces manifiestan una condición llamada comorbilidad, que es la presencia de uno o más trastornos de modo simultáneo al primario. Diversos trastornos psiquiátricos, neurológicos y médicos se han clasificado y englobado en el llamado espectro obsesivo-compulsivo.

De entre ellos destaca la depresión, que se presenta hasta en un 50% de los casos y que, en pacientes diagnosticados con TOC, tiende a ser más grave que en otros sujetos: en estos casos, es tres veces más probable que la depresión se presente después del TOC, y no antes. Cuando la sintomatología obsesiva remite, la depresión tiende a desaparecer también.

A pesar de todo lo anterior, sólo un especialista puede diagnosticar con precisión un trastorno obsesivo-compulsivo, y debe considerarse que a veces los síntomas responden a la ingestión de algunos medicamentos o drogas, o bien a alguna afección física o neurológica.  En resumen, aunque mucho se habla del TOC, incluso en tono de broma, es necesario conocerlo a fondo.

Si te reconociste en alguna parte de este texto, o conoces a alguien que pueda estar sufriendo de este trastorno, no dejes pasar más tiempo y acude al especialista: tu salud mental, y la de los demás, te lo agradecerá.

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